La Oración de Débora (Jc 5,11-12)
Escritos anónimos o seudónimos

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Tiempo para la fantasía

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“¡Deborah, entona un cantar!”           

         

¡Hola amigos!

            Aplazamos nuestros encuentros hasta  septiembre con un tema que  nos  puede afectar.

            ¿Cómo y en qué momento nos entra la vena loca? Surgió la pregunta en un avión, vía Barcelona, tras la lectura de los periódicos de la mañana y algunas revistas semanales.

            Con los pies en el suelo, aunque en el  aire, y a cierta distancia de los hechos, el espectáculo resultaba asombroso. A juzgar por las muestras, la locura nos ha entrado a  todos. Ya admite el refrán que  de  poeta, santo y loco todos tenemos un poco.

            Lo malo es que ese poco de locura que todos tenemos dentro –catalizada unánimemente por los medios de comunicación— resulta agobiante y demoledora. ¿Qué hacer?

            Se impone dar salida, sin mayor trascendencia, a una «locura» que es  un subproducto  natural de nuestra grandeza interior.  Todos podemos tener unos «deseos locos» de  mejorar,  aprender,  amar. Locura que padecemos por estar  siempre abiertos a lo  infinito. Pero locura al fin.

            Hace falta mucha libertad interior para que no nos importe dejar al descubierto la pérdida accidental de algún tornillo. Y también humildad. Somos tan importantes que nos cuidamos muy bien de ocultar el cupo de extravagancia que llevamos dentro. ¡Peligro! Esa extravagancia  puede asomar por donde nadie se lo espera.

            Se ha dicho, además, que «el mundo moderno sufre, justamente, por falta de fantasía». Hasta nuestros artistas se resienten del secano. ¿Os dais cuenta? La iniciativa libre y gozosa desaparece de muchos trabajos. Se impone la planificación, la ra­cionalización, la eficiencia. El hombre actúa, se agita, mide su tiempo, sus desplazamientos,  a golpe de reloj. Y al final del día, cansado y maltrecho, no está para músicas.

            Su pequeña dosis de loco y de poeta, va sumando allá en su interior. Un día, cuando menos lo espera, el polvorín estalla. Precisamente cuando más monótona y gris es la existencia más se tiende, inconscientemente, a compensaciones detonantes.

            Estamos a tiempo. Todos a  incluir en los horarios unos minutos para  la fantasía.

            Un  propósito firme para el nuevo curso. Oír música, seguir el vuelo de los pájaros, cuidar geranios, sudoku, coleccionismo y tantas y tantas cosas, que pueden despertar nuestro interés o plasmar nuestra cuota de ilusión.

            Los profanos suelen creer que el soñar aísla. Gran error. Un tipo ilusionado y contento no descansará mientras no logre compartir su alegría. Mientras no demuestre en acciones concretas la  nueva felicidad que le  desborda.

            Os quiere.

                                                                                                       Deborah

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