“¡Deborah, entona un cantar!”
¡Hola
amigos!
Aplazamos
nuestros encuentros hasta septiembre con un tema que nos puede afectar.
¿Cómo y en qué
momento nos entra la vena loca? Surgió la pregunta en un avión, vía
Barcelona, tras la lectura de los periódicos de la mañana y algunas revistas
semanales.
Con los pies
en el suelo, aunque en el aire, y a cierta distancia de los hechos, el
espectáculo resultaba asombroso. A juzgar por las muestras, la locura nos ha
entrado a todos. Ya admite el refrán que de poeta, santo y loco todos
tenemos un poco.
Lo malo es que
ese poco de locura que todos tenemos dentro –catalizada unánimemente por los
medios de comunicación— resulta agobiante y demoledora. ¿Qué hacer?
Se impone dar
salida, sin mayor trascendencia, a una «locura» que es un subproducto
natural de nuestra grandeza interior. Todos podemos tener unos «deseos
locos» de mejorar, aprender, amar. Locura que padecemos por estar
siempre abiertos a lo infinito. Pero locura al fin.
Hace falta
mucha libertad interior para que no nos importe dejar al descubierto la
pérdida accidental de algún tornillo. Y también humildad. Somos tan
importantes que nos cuidamos muy bien de ocultar el cupo de extravagancia
que llevamos dentro. ¡Peligro! Esa extravagancia puede asomar por donde
nadie se lo espera.
Se ha dicho,
además, que «el mundo moderno sufre, justamente, por falta de fantasía».
Hasta nuestros artistas se resienten del secano. ¿Os dais cuenta? La
iniciativa libre y gozosa desaparece de muchos trabajos. Se impone la
planificación, la racionalización, la eficiencia. El hombre actúa, se
agita, mide su tiempo, sus desplazamientos, a golpe de reloj. Y al final
del día, cansado y maltrecho, no está para músicas.
Su pequeña
dosis de loco y de poeta, va sumando allá en su interior. Un día, cuando
menos lo espera, el polvorín estalla. Precisamente cuando más monótona y
gris es la existencia más se tiende, inconscientemente, a compensaciones
detonantes.
Estamos a
tiempo. Todos a incluir en los horarios unos minutos para la fantasía.
Un propósito
firme para el nuevo curso. Oír música, seguir el vuelo de los pájaros,
cuidar geranios, sudoku, coleccionismo y tantas y tantas cosas, que pueden
despertar nuestro interés o plasmar nuestra cuota de ilusión.
Los profanos
suelen creer que el soñar aísla. Gran error. Un tipo ilusionado y contento
no descansará mientras no logre compartir su alegría. Mientras no demuestre
en acciones concretas la nueva felicidad que le desborda.
Os quiere.
Deborah
