En este icono de la Familia
de Nazaret contemplamos en primer lugar las coronas de José y María.
Son dos coronas unidas, símbolo de la comunión espiritual, del caminar
juntos en la santidad.
Sus miradas reflejan
una actitud de obediencia, abandono y amor ante ese plan de Dios que se
hizo muchas veces difícil e incomprensible. Esta actitud es contraria a
la actitud de rivalidad o competitividad que toda pareja debe superar. José y María crean una realidad espiritual juntos.
Las coronas unidas simbolizan
el proyecto de pareja. Para este proyecto, María encuentra en José una
ayuda y José encuentra en María una ayuda.
Este proyecto es nuevo en
cada matrimonio. Es nuevo y único. “Yo hago nuevas todas las cosas”.
Jesús habla al corazón de la pareja –hombre y mujer- y les dice:
“Yo, el Señor, os exhorto, os animo, os empujo a que hagáis algo
nuevo, os impulso a crear, por el poder del Espíritu Santo, a crecer, a
ser fecundos”.
Lo viejo ha pasado, los
roles, los tópicos ... todo puede ser nuevo en una familia cristiana por
Aquél que es el Hombre Nuevo.
El hombre nuevo y la mujer
nueva crean familias nuevas.
Las familias nuevas tienen
Poder para renovar la sociedad.
Contemplamos ahora a Cristo,
en el centro del icono. La Familia de Nazaret, santuario de La
Vida. Cristo es la Vida. La familia cristiana santuario de vida, lugar
donde hay vida, donde se protege y se cuida la vida y se da vida a otros.
Porque está Cristo en una
familia cristiana es por lo que hay vida abundante y estamos llamados a
dar vida.
Amor y vida van juntos
siempre. El amor da vida. El amor llama a la vida. El amor multiplica la
vida.
El mundo debe contemplar
admirado que somos sagrarios que custodiamos el amor y del amor florece la
vida abundante.
Cristo en el centro
nos muestra con su mano derecha el gesto de la victoria. En
Él vencemos toda dificultad por grave y dura que sea. Ser cristiano es ir
de victoria en victoria porque contamos con el triunfo de Jesús sobre
todo tipo de mal.
Las vestiduras de la
familia de Nazaret: blanco, rojo y marrón nos hablan de las facetas de la
vida cristiana en la familia: inocencia y ternura -el color blanco-,
martirio y entrega -el color rojo- y servicio y trabajo -el color marrón-.
Por último, contemplamos las manos de Jesús, José y María.
Una mano del esposo está
sobre el hombro de la esposa. Es la mano que simboliza la protección y el
cuidado amoroso. En una obra del siglo II, escrita al estilo de los
Salmos, se leen estas palabras estupendas puestas en boca de Cristo:
“Yo
puse en ellos el yugo de mi amor,
como
el brazo del esposo sobre la esposa,
así
es mi yugo sobre quienes me conocen”
A los esposos se les llama
“cónyuges”, que significa “unidos bajo el mismo yugo”. Jesús
ofrece a los esposos cristianos que viven en el Espíritu la posibilidad
de convertirse en “cónyuges” en un sentido distinto al de la mera
obligación y deber. Cónyuges porque están puestos bajo el mismo yugo,
el de Cristo, que es el yugo de su amor. A vosotros, esposos, repite
Cristo, de un modo especial: “Cargad con mi yugo y aprended de mi, que
soy sencillo y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras
almas” (Mt 11, 28).
La mano izquierda de Jesús
está sobre el nido que forman las manos de José y María. Estas tres
manos representan la vida cotidiana, la convivencia. Son manos que están
en contacto en el quehacer de cada día, en la creación del hogar de
Nazaret. Sus manos unidas representan sus vidas entrelazadas para siempre.
Ya no se podrá hablar de uno sin hablar de los otros, sin pensar en los
tres como una familia.
El nido que forman las manos
de los padres es aquello que los padres en su paternidad y maternidad
ofrecen a los hijos: por un lado, autoridad en cuanto a gobierno, guía y
camino; y por otro, la protección y seguridad como lo es un nido para los
polluelos (los hijos necesitan nuestros mimos, cuidados y consuelos).
Haced que vuestro hogar sea
un nido seguro donde ni ahoguéis a los hijos con vuestra superprotección,
dominio o control, ni los dejéis tan “a su aire” que se vayan al
mundo a ser zarandeados y llevados a la deriva.
Contemplando el icono, de
arriba a abajo, contemplamos:
Ø Arriba, a los padres: ellos llevan el timón.
Ø En el centro -como en el corazón de nuestro hogar- Cristo.
Ø Abajo, las manos unidas: nuestros hijos y las personas que
nos rodean.
Y ahora, os decimos: cada
familia es icono de Dios para el mundo. Es Palabra de Dios para el
mundo. Signo de la presencia de Dios que habla al mundo de hoy. Presencia
escondida en la pobreza de un hombre y una mujer que un día se
prometieron amor eterno.
Sed iconos para el mundo de
hoy. Para aquellos que ya no leen el Evangelio ni frecuentan los
sacramentos ni oyen la Palabra de Dios ... queda una esperanza : que vean a
Dios en vuestra vida.
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