FAMILIAS EVANGELIZADORAS
en el Tercer Milenio
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1. "Salió el sembrador a sembrar"
(Lc 8, 4)En esta parábola tenemos la imagen del evangelizador:
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Salió. Sal de ti mismo, de tus intereses, de lo que llevas haciendo año tras año. Deja atrás rutinas, deja tus pensamientos para entrar en los pensamientos de Dios, deja tus proyectos para entrar en el proyecto de Dios. Deja de pensar sólo en una vida materialista, en acumular bienes, en tener más... Atrévete a correr riesgos de generosidad y de abandono en la Providencia.Ø
El sembrador. Jesús es el sembrador de la parábola. Yo debo ser imagen de Jesús si quiero hacer bien la tarea. ¿Lo conozco? ¿Lo amo? ¿Me dispongo a ser un siervo inútil? ¿Un siervo al estilo de Jesús?.Ø
A sembrar. Lo que hay dentro de cada uno, eso es lo que sembramos. ¿Qué hay dentro de ti? ¿Qué vamos a llevar a los demás?.Hay conocimientos, hay experiencia, hay celo por el Señor, hay apatía, heridas, miedo, necesidad de demostrar lo que soy capaz de hacer, alegría, fuerza de Dios, pesimismo, cansancio..Todos estamos llamados a dar fruto. El que da más fruto es aquel que no entrega cosas sino que se entrega a si mismo mismo. "Si el grano de trigo no muere no da fruto".
Henri Nouwen en su libro "Signos de vida" distingue de una manera muy lúcida entre ser fecundo y ser productivo. El hombre y mujer modernas tienen una fuerte tentación de confundir fecundidad con productividad. La huída del hogar para producir, para ganar un sueldo, viene muchas veces de esta cultura actual que nos empapa y no nos deja discernir con claridad y distinguir entre "dar fruto y un fruto que permanezca" y "ser productivo".
Algo más que debes saber sobre el sembrar.
Todo lo que siembres en tu familia, eso recogerás. Si a su tiempo siembras valores eternos, recogerás a su tiempo valores eternos. Si siembras egoísmo recogerás egoísmo. Si siembras frivolidad, recogerás frivolidad.
Si siembras Evangelio a tus hijos desde la cuna, llegará un tiempo en que tú mismo serás evangelizado por ellos y te sentirás tranquilo/a, como quien recoge una cosecha abundante de buenos frutos.
2. Evangelizar con el ser
Cada familia cristiana es en si misma signo de la presencia de Dios en el mundo. Es un icono de Dios. Evangelizamos sin hablar, sin decir nada. En la familia cristiana que vive su fe hay semillas de evangelización que transmiten fe, esperanza y amor.
Si vemos una familia unida que cada domingo asiste a la eucaristía que van a comulgar juntos. Esta imagen ya nos habla de Dios. Si vemos la ternura de una madre con su hijo, el amor de unos esposos; el sacrificio y la abnegación de unos padres; todo esto nos habla de Dios. Muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo ya no conocen ni les dicen nada los signos religiosos, sólo entenderán que Dios es Amor a través de lo que puedan ver en el amor de una familia cristiana.
Es más importante el ser, que el hacer o el decir.
Afianzarnos en el SER. Este es el grito del Papa en la "Familiaris Consortio": "¡Familia, sé lo que eres!, comunidad de vida y de amor".
3. La familia de Nazaret, un modelo todavía válido
En el discurso pronunciado por Pablo VI en Nazaret el día 5 de Enero de 1.964 nos decía: "Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento del Evangelio.
Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla, humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se aprende incluso, casi sin darse cuenta, a imitar esta vida. Aquí aprendemos tres lecciones importantes en la vida espiritual: La lección del silencio, la lección de la vida familiar y la lección del trabajo..." (Liturgia de las Horas, tomo I, fiesta de la Sagrada Familia)
Cada familia está llamada a reproducir esta manifestación sencilla, humilde y encantadora de la presencia de Dios en el mundo.
¿Qué ven tus contemporáneos al ver a tu familia? ¿Descubres encantos y belleza en tu familia? ¿Embelleces y humanizas el mundo con tu vida familiar?
4. La oración familiar
Juan Pablo II nos recuerda la importancia de la plegaria familiar: "Esta plegaria tiene como contenido original la misma vida de familia" Nos orienta a vivir la oración de la mañana y la noche, la bendición de la mesa, la meditación de la Palabra de Dios... en definitiva : a prolongar en casa el culto celebrado en la Iglesia. Vivirlo todo en Dios, ponerlo todo bajo la presencia de Dios, pedir y dar gracias a Dios. Si no enseñamos a nuestros hijos a orar, si no hay momentos de oración familiar, ¿cómo descubren nuestros hijos la presencia de Dios en medio de la comunidad familiar?.
El Papa pide a las familias:
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Que los hijos aprendan en la familia a conocer a adorar y a amar al prójimo.Ø
Que los padres son los primeros responsables de la educación en la fe y la preparación para los sacramentos.Ø
Que la familia participe en la Eucaristía dominical y se viva el domingo como el día del Señor.Ø
Que en casa se vivan los tiempos litúrgicos.La oración no es algo accesorio sino esencial a la vida cristiana. De esta vida de oración se deriva la fecundidad de la vida familiar. Cristo es la Vid fecunda y nosotros sus sarmientos que unidos a la Vid daremos mucho fruto.
5. La fuente no está en ti; está en el Espíritu Santo.
"¿Cómo puedes lograr que tu vida produzca frutos verdaderos?.No es cuestión de los resultados que puedas ir exhibiendo por el mundo. Tu vida será fecunda si bebes de la fuente interior, la fuente del Espíritu Santo.
Esa fuente debe regar y fecundar con sus aguas todas tus aspiraciones y deseos para hacerlos fecundos. Entonces tu vida se cargará de frutos. Muchos de los que te rodean comenzarán a echar hojas y a florecer"
(Anselm Grün de "El libro del arte de vivir")
Conocemos esa fuente que es la Eucaristía, la vida de oración.
"Os he escrito estas cosas para poneros en guardia contra los que intentan seduciros. En cuanto a vosotros, el Espíritu que habéis recibido de Él permanece en vosotros y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe, antes bien, ese Espíritu, que es fuente de verdad y no de mentira, os enseña todas las cosas" (1Jn, 2,26-27)
Vives estresado y agobiado por el trabajo, la familia, las preocupaciones... Debes encontrar en medio de todo esto momentos de oración donde te abras a la acción del Espíritu Santo para recuperar la paz, la serenidad, la luz... Si no buscas esa fuente en tu interior serás atrapado por la vorágine del mundo y éste entrará en tu corazón. Entonces... no podrás evangelizar.
6. La familia, monte elevado desde donde se proclaman las Bienaventuranzas.
Somos familias contracorriente. Nuestro mensaje es contrario a lo que pregona el mundo. Debemos tomar plena conciencia de ello y no dejarnos paganizar ni "mundanizar". Valorar el tesoro de la fe y los valores que lleva consigo. Si la pareja cristiana lo vive como un tesoro será capaz de transmitirlo a sus hijos y se realizará lo que nos dice Juan Pablo II en la "Familiaris Consortio" que la familia es Custodia del Amor, Iglesia Doméstica, Sagrario (santuario) de Dios en el mundo. Es en ella donde debemos sentir el gozo y la alegría en lo profundo de nuestro corazón para desde ella, como "monte elevado desde donde se proclaman las Bienaventuranzas" anunciar al mundo el Evangelio.
7. En la tarea no estás sólo : ¿quién te envía?
Nos encontramos en la Iglesia y en la R.C. con muchos proyectos que son personales, inquietudes buenas donde proyectamos lo que llevamos dentro, nuestros buenos deseos de hacer el bien, de servir al Señor.
Dios, que nos ha creado, pone en nosotros estos deseos, pero no para que llevemos solos esta misión. Debemos compartirla con nuestros hermanos y encontrar un equipo, un lugar donde desarrollarla y hacerla crecer. La misión siempre es puesta a prueba y debemos estar preparados para ejercitar la paciencia y que nuestros dones y carismas sean probados. Preguntémonos si alguien nos envía a sembrar (nuestros pastores, nuestro párroco, nuestro obispo...) o si lo hacemos en nombre propio.
Preguntémonos también si nuestra familia comparte mi proyecto o si caminamos como "llaneros solitarios" y nuestra evangelización está al margen de mi vida familiar.
Encontramos a menudo laicos que imitan la vida de compromiso de los consagrados. Quieren hacer, trabajar para el Señor... pero en casa no pueden compartir sus inquietudes. Estas personas deben revisar continuamente su vida de apostolado, sabiendo que la primera vocación es la familia y que es allí donde Dios pide morir a uno mismo. ¿Es quizá su apostolado una búsqueda de compensaciones fuera de la familia? ¿Es una evasión?
8. El evangelizador es un siervo.
"No he venido a ser servido sino a servir".
Hablamos muchas veces de creatividad, y es verdad, pero toda creatividad está al servicio de la Palabra, del Evangelio, de la Misericordia, de la Buena Noticia que es: Dios te ama y tú eres un amado de Dios, un elegido, un hijo de Dios.
"Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo Único para que todo el que crea tenga vida eterna" (1ª Jn, 4-9)
¿Sirvo yo a esta Palabra? ¿Soy yo un reflejo de ese amor de Dios?.
Cada uno de nosotros debe ser ese reflejo, como la luna refleja la luz del sol, el evangelizador refleja la luz del Sol que es Jesús.
Una pregunta más: ¿Soy siervo en mi casa? ¿O soy señor que se complace en que le sirvan?. Nos dice Phillipe Madre que la acción fundamental del Espíritu Santo en cada corazón es convertirlo en servidor y la acción del Mal es convertirlo en alguien que desea ser servido. Son dos caminos opuestos que nos conducen uno a la alegría y a la salvación y el otro a la amargura y la perdición.
Una palabra inagotable para meditar en familia: Las bodas de Caná. (Jn, 2,1-11).
"Jesús dijo a los que servían: Llenad las tinajas de agua". Somos los sirvientes que debemos llenar las tinajas de agua. Después se realiza el milagro y el agua se transforma en vino. Nuestro esfuerzo es bendecido, es tocado por Dios. El mandato es importante, llenar las tinajas, no dejarlas a medias, no conformarnos con amar un poco, con dar a medias. Darnos totalmente como esposos, como padres...
9. El que evangeliza tiene que estar dispuesto a llevar la cruz.
El apóstol tiene que estar fuerte en la Roca que le salva para llevar la cruz. Muchas veces queremos las alegrías de la evangelización y corremos tras ellas, pero cuando llega la cruz... se nos clava en el corazón y nos produce un daño que nos incapacita para la tarea de la evangelización porque nuestro corazón es una herida que sangra. Entonces no sembramos la semilla verdadera, sembramos de lo que llevamos dentro: miedo, resentimiento, cansancio, frustración.
Llega entonces el tiempo de descansar y sanarnos en el corazón de Dios y fortalecernos en Él. Esto es una cura de humildad que todos necesitamos. Si lo aceptamos y nos refugiamos en Dios poniéndolo a Él por encima de todos nuestros proyectos, entonces saldremos fortalecidos y purificados. Brillará más Jesús en nosotros.
10. Tus heridas curadas son luz para los otros.
El evangelizador no es un superhombre o supermujer. Jesús se encarnó, se abajó a nuestra humanidad. En la Historia Sagrada vemos como Dios utiliza hombres y mujeres de carne y hueso.
Dios utiliza nuestras debilidades y nuestra historia personal de salvación para salvar a otros. Aquí está la esencia del don de consejo.
Debes mirar lo que Dios pone en tu vida para conocer que es lo que Dios te llama a transmitir como algo único y especial para los demás. Ama tu realidad, deja que sea empapada por Dios y a partir de ella darás testimonio de que Cristo vive en ti y que el Espíritu Santo te renueva.
"Si tienes la audacia para dejar tus heridas al descubierto, verás cómo muy pronto se te acercan los demás y empiezan a contarte sus historias hablándote de sus propias lesiones y problemas. Pronto te harás su consejero. Tus heridas se transformarán en perla preciosa, valiosa para ti y para ellos.
Naturalmente, no debes enseñar tus heridas a todo aquel con quien te tropiezas. Incluso es conveniente llevar una venda para ocultarla a los curiosos. Piensa bien cuándo es conveniente ocultarla o enseñarla" (Anselm Grün).
11. Dios por encima de todo.
No idolatres la tarea, el proyecto de evangelización, porque entonces te convertirás en un ejecutivo del Espíritu. Empezarás a sentirte muy ocupado y sin tiempo para los que te rodean, incluso para tu familia y dirás: "Estoy al servicio de Dios, todo lo hago por Dios"
El Cardenal Van Thuàn, nos cuenta su testimonio en el libro "Testigos de Esperanza" del que reproducimos un fragmento.
«Una noche, en lo profundo de mi corazón, escuché una voz que me decía: "¿Por qué te atormentas así? Tienes que distinguir entre Dios y las obras de Dios. Todo aquello que has hecho y querrías continuar haciendo: visitas pastorales, formación de seminaristas, religiosos, religiosas, laicos, jóvenes, construcción de escuelas, misiones para la evangelización de los no cristianos..., todo esto es una obra excelente, pero son obras de Dios, no son Dios. Si Dios quiere que tú dejes todas estas obras poniéndote en sus manos, hazlo inmediatamente y ten confianza en Él. Él confiará tus obras a otros, que son mucho más capaces que tú. Tú has escogido a Dios, y no sus obras"».
«Esta luz me dio una nueva fuerza, que ha cambiado totalmente mi manera de pensar --continuó explicando el arzobispo vietnamita-- y me ha ayudado a superar momentos que físicamente parecían imposibles de soportar. Desde aquel momento, una nueva paz llenó mi corazón y me acompañó durante trece años de prisión.
Sentía la debilidad humana, pero renovaba esta decisión frente a las situaciones difíciles, y nunca me faltó la paz. Escoger a Dios y no las obras de Dios. Este es el fundamento de la vida cristiana, en todo tiempo». De este modo, añadió el predicador de los Ejercicios Espirituales, «comprendo que mi vida es una sucesión de decisiones, en todo momento, entre Dios y las obras de Dios. Una decisión siempre nueva que se convierte en conversión. La tentación del pueblo de Dios siempre consistió en no fiarse totalmente de Dios y tratar de buscar apoyos y seguridad en otro sitio. Esta es la experiencia que sufrieron personajes tan gloriosos como Moisés, David, Salomón...».
La Biblia habla claramente. Según el arzobispo vietnamita «esta fue la gran experiencia de los patriarcas, de los profetas, de los primeros cristianos, evocada en el capítulo 11 de la Carta a los Hebreos en la que aparece en 18 ocasiones la expresión "por la fe" y una vez la expresión "con la fe"». Esta es también la clave de lectura que permite comprender la vida de tantos hombres y mujeres que en estos dos mil años de cristianismo han dado su vida hasta el martirio. Entre todos estos ejemplos, destacó el de María, mujer «que optó por Dios, abandonando sus proyectos, sin comprender plenamente el misterio que estaba teniendo lugar en su cuerpo y en su destino».
12. El evangelizador/a es un testigo de Cristo resucitado.
Pone su mirada serenamente sobre el tiempo que le ha tocado vivir. No lo siente como una tragedia sino como una oportunidad de vivir con Cristo en medio del mundo. Esta en el mundo, sin ser del mundo. Su corazón pertenece a Cristo. Dar testimonio ante el mundo de que ha sido rescatado del abismo, de las sombras de muerte, del pecado... por Cristo. En este tiempo lleno de palabras, de discursos, de tantas opiniones y opciones en la vida y de tantas confusiones. Cuando tantos hombres y mujeres apoyan su vida en cosas efímeras y superficiales, nosotros, los cristianos estamos llamados a proclamar que nuestra Roca es Cristo. Llamados a crear un interrogante: ¿De dónde le viene a éste su fortaleza?. "Se cansan los jóvenes y se fatigan, los muchachos tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor verán sus fuerzas renovadas; les salen alas de águila, corren y no se fatigan, caminan y no se cansan" (Is. 40, 30-31)
Miremos a los santos, misioneros, evangelizadores que nos precedieron y están ahora en el cielo entonando cánticos de alabanza. En sus vidas encontraremos fuerza, inspiración, luz. consuelo, tentaciones que también nosotros tenemos, pruebas en las que nos sentimos reflejados... Y veremos que se movían entre dos polos: acción y contemplación; escondimiento y trabajo, silencio y proclamación. Éste es el ejemplo de Jesús: pasó 30 años siendo uno de tantos, pero sabía que en su vida había una misión que realizó durante 3 años. Esto lo sabía muy bien la Madre Teresa de Calcuta, modelo de misionera de nuestro tiempo.
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" El fruto del silencio es la oración, el fruto de la oración es la fe, el fruto de la fe es el amor, el fruto del amor es el servicio, el fruto del servicio es la paz "
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