ENSEÑANZAS  para   las  FAMILIAS                         

                                                              FIAT - 2.003


 ALEGRÍA EN LA FAMILIA

     La persona se realiza por la vivencia de unos valores que el individuo escoge para alcanzar la felicidad. Y de poco sirve hablar de valores si no los vivimos. Captamos un valor en las otras personas. Nos enamoramos de ese estilo de vida: "Fíjate en fulanito, qué atento y cariñoso es...". Después, intentamos hacer presentes esos valores en nuestra propia existencia. Y cuando comprobamos que satisface nuestro ser y existir, intentamos que estén siempre presentes. Sólo desde la coherencia estamos legitimados a invitar a otros a nuestro estilo de vida.

Queremos abordar ahora el valor de la alegría. Es unos de esos valores de persona y de familia que aparecen no sólo en el deseo sino como contraposición a un mundo donde lo triste ocupa los principales titulares de nuestros medios de comunicación.

¿QUÉ ENTENDEMOS POR ALEGRÍA?

No entendemos siempre lo mismo por alegría. Tal vez, porque los medios para conseguirla sean muy diferentes. Entenderéis fácilmente que si un esposo basa la alegría en la posesión de bienes, y la esposa en la intimidad de la relación, se hará más difícil crear un clima de comprensión y diálogo entre ellos y entre todos sus miembros.

Transcribimos, a continuación, algunos conceptos expresados en grupos que quieren concretar en qué consiste la alegría familiar:

- Equilibrio sereno, optimista, decidido y abierto, por medio del diálogo y la ayuda.

- Convivencia con optimismo y responsabilidad de las propias obligaciones.

- Intimidad y relación confiada que da paz interior y exterior, donde la presencia de Dios en nuestro matrimonio y familia hacen más fácil un clima de diálogo, de responsabilidad, de respeto y de disfrute de tantos detalles y acontecimientos de la vida, por encima de todas las dificultades.

- Interés por todos y cada uno de los miembros. Aceptación de todos como somos, y aceptación de los acontecimientos de la vida; con creatividad para superar los malos, y jovialidad para disfrutar de los buenos.

¿QUÉ NOS DIFICULTA VIVIR CON MAS ALEGRÍA?

La pregunta tiene una buena sarta de respuestas. Hay muchas cosas en la vida familiar, laboral, de colegio, de salud, de dinero, etc... que oprimen nuestro corazón y la ilusión por vivir. El miedo a nuestro alrededor y el miedo a que el mundo se desbarate en conflictos de guerra y de opresión, hace que lo llevemos en nuestro talante y lo introduzcamos en nuestras casas.

Nos invitamos a hacer un listado de nuestras dificultades concretas. No generalicemos. En cada persona, las circunstancias de miedo, de tristeza, de salud, se viven diferentemente. Esta es una nueva invitación a que nos lo comuniquemos.

¿QUÉ VALORES CREEMOS QUE FOMENTAN MÁS LA ALEGRÍA FAMILIAR?

Es ante esta pregunta donde debe surgir nuestra creatividad y honestidad. Saber lo que deberíamos vivir y ser conscientes de la distancia que nos falta recorrer para que esta alegría sea más visible. Haced una lista desde vuestra perspectiva y realidad. ¿Es la comunicación la que puede crear un clima más cordial y abierto en nuestra familia? ¿Es el respeto, la escucha, el orden....? Cada familia debe preguntárselo. Con la ayuda de los hijos. En nuestros grupos salieron valores como: el amor íntimo y responsable, la comprensión, el diálogo entre pareja y en la familia, el respeto, la confianza, la sinceridad, la vivencia de la fe, el optimismo, etc...

A MODO DE CONCLUSIÓN

A todos nos preocupa la soledad y la tristeza. A todos nos apena tener caras tristes junto a nosotros. A los padres nos preocupa la tristeza de nuestros hijos y soñamos y deseamos de corazón se felicidad y alegría. ¿Qué hacer para que nuestros hijos sean y vivan alegres?

Dejando aparte las contrariedades de la vida, digamos que la alegría se tiene o no se tiene. Que hay personas propensas al optimismo o al pesimismo. Pero cualquiera que sea nuestra situación o el tipo de persona que seamos, no estamos en un punto y final. Podemos educar y educarnos. La alegría se trasmite. Es una conquista de cada día. Por eso, como padres y educadores, estamos atentos a la llamada de trasmitir valores. El de la alegría en concreto. ¿Cómo? He aquí algunas sugerencias:

- Haciéndola presente en nuestra vida personal y de pareja. Es el mejor alimento para la felicidad y alegría de lo hijos.

- Procurando a nuestros hijos una educación y clima donde la cordialidad y apertura estén presentes. No nos referimos sólo a la escuela. También a la "escuela de nuestra propia casa". Y nos referimos a nuestros hijos pequeños ya los no tan pequeños. Las variantes de la edad nos hacen recordar la urgencia y necesidad de esta educación, pero ninguna "mayoría de edad" nos determina el privar de esa cordialidad y respeto a la propia persona.

- Ayudándoles a superar dificultades. Ayudar no es intentar por todos los medios que no encuentren dificultades, que no sufran. No podemos suprimir el frío para que no se constipen en la calle; o allanar todos los caminos para que no tropiecen; o estar presentes en todos sus juegos para que no se peguen. Ayudar quiere decir estar presentes en su abatimiento , en sus enfados y en sus dificultades intelectuales, morales o afectivas, según su edad. Dando importancia a las mismas. Animarlos porque tienen fortaleza y capacidad para superar esos contratiempos y dolor. Capacidad para afrontar la renuncia.

Todo esto será más fácil si:

Evitamos actitudes negativas, como:

- Todo espíritu de competencia.

- El deseo de diversiones continuas, de posesiones nuevas, de confort, de dinero, de capricho, de comparaciones.

- El resentimiento ante hechos y personas del pasado.

- Los fracasos de todo tipo. Y ayudar a que aprendan de ellos.

Desarrollamos actitudes positivas, como:

- La aceptación de ellos mismos como son; con todo su potencial y con todas sus limitaciones.

- La generosidad con los seres con quien convive, compartiendo sus cosas con otros.

- La conformidad ante situaciones, hechos, circunstancias; sin reaccionar negativamente.

- La disponibilidad en los quehaceres de la casa, colegio, amigos...

- La confianza con sus padres, hermanos, amigos.

- La comunicación de lo que pasa, vive, piensa, sufre.

- La moderación en el uso de las cosas y posesiones.

- La aceptación de las personas como son y valoración de todo lo positivo que hay en ellas.

- La amistad abierta y sana; la aceptación de la broma y de la sorpresa.

- La preocupación y ayuda a los demás.

- La satisfacción del recogimiento, del silencio, de la comunicación con Dios, de la naturaleza, etc...

- La práctica del deporte.

- La vivencia religiosa como fuente de alegría interior.

              

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO Y LA REFLEXIÓN

Como persona:

- ¿qué capacidad tengo de juguetear, bromear, admitir las bromas, las sorpresas? ¿Cuándo ha sido la última vez que me he reído de mí mismo por lo que me ha sucedido, lo que he hecho o dicho?

Como pareja:

- ¿Y para nosotros, qué significa "tener alegría en la familia"? No se trata de comparar, sino de que sea vuestra propia opinión compartida.

- ¿Qué clima de alegría se respira en nuestra familia? Es ahondar en nuestra propia realidad. Examinarla. Ver lo positivo y lo negativo.

Como padres:

- ¿Cómo disfrutamos de lo chocante, de lo imprevisto, de la forma de ser de nuestros hijos?

- ¿Cómo favorecemos el encuentro, la risa, la distensión en casa? ¿Planificamos nuestro ocio junto con nuestros hijos?

Como cristianos:

- ¿Trasmitimos paz, alegría, por ser cristianos?

- ¿Tenemos ilusión por vivir nuestra dimensión religiosa en la parroquia o lugar de culto, o vamos apesadumbrados?