A veces te habrás preguntado cómo mantener tu hogar ilusionado y con una
gran vitalidad de puertas hacia adentro. Es normal. Si queréis, amigo/a, os
ofrezco cuatro pilares que sostendrán el edificio de vuestro hogar siempre
nuevo y siempre lleno de vida.
Estos son los pilares o cimientos:
1) La oración, respiración de una familia
Cada día debéis dedicaros algún tiempo a la oración. No digáis que no tenéis
tiempo. Lo tenéis para muchas cosas y, ¿vais a abandonar algo fundamental en
vuestro matrimonio?
Cuando hay oración en casa, todo parece diferente, calmado, tranquilo, sereno
como la brisa suave del mar. Es un momento bendito en el que podéis respirar,
desahogaros con Dios y lograr que en vuestro corazón brille la luz y nunca la
tiniebla.
Nada proporciona tanta alegría y paz durante el día y la noche. Al orar con
vuestros hijos, éstos se convierten en personas apacibles y también más
bellos, más ellos mismos. Ante esta plaga de consumo, la oración es
indispensable para no asfixiarse en un mundo hiperestresado y superestridente.
Cortad un poco la TV, frecuentemente destructora de la intimidad del hogar. No
dejéis que sea ella quien mande en casa. No la coloquéis en el centro de la
sala de estar. Romperá el círculo familiar.¿ Sabes lo que decía un chico
italiano de 6 años? ”Señor, haz que mi rostro se parezca a la pequeña
pantalla para que papá me mire”. S.O.S. de tantos chicos que no tienen
nunca tiempo de ser escuchados, mirados, simplemente amados...Y ese tiempo es
la oración quien lo logra.
Drama de las sociedades occidentales que separan las generaciones. Niños que
no conocen a sus abuelos. Niños que no tienen a nadie que los escuche, y los
abuelos tampoco tienen a nietos a los que cuidar, amar y educar: Dos
soledades...yuxtapuestas. Por ejemplo, ¿por qué no hacer la oración después
de los informativos y hacer intercesiones o peticiones?
Solamente la oración permite soportar ciertos horrores y unificar el corazón.
Conozco a familias en donde una vez por semana, se celebra una velada
matrimonial: los esposos se encuentran solos durante algunas horas festivas
de plegaria.
A menudo son los hijos quienes se lo recuerdan a sus padres y compran una vela
especial. Otra tarde de la semana, es la velada familiar. Ninguna otra
persona es invitada. El jueves por la tarde, recordando la Cena de Jesús,
puede ser un buen día para esta velada recogida y alegre. Alrededor de una
mesa enteramente adornada con flores, se hace una oración perfecta.
Esplendor de estas liturgias familiares en las que el niño recibe el sentido
de la belleza. Tiene derecho a la belleza para estar feliz y percibir que
vive. Liturgia en la que se transmite la fe de la Iglesia. En los países
perseguidos, la fe se mantuvo gracias a las liturgias celebradas en familia, a
menudo clandestinamente. Se entabla una relación personal y viva con el Señor
que llega a ser así un miembro de la familia, un miembro que forma parte de
ella todos los días.
Esta presencia nadie la podrá arrebatar del niño. Es la vacuna contra
toda soledad. Incluso si algún día se aleja de esta Presencia, Jesús
permanece siempre y nunca lo dejará solo. Y si la oración familiar y
conyugal no son posibles, la fe no se comparte y esto es para los hijos una
gran pena y un profundo dolor. Y si no pudierais estar juntos todos, reza solo
pero en nombre de todos los miembros de la familia. Cada vez que reza una
familia su “nosotros” se une al de la familia- fuente, la de Nazaret.
Cuando Jesús es encontrado tras tres días de pérdida, María le dice
simplemente: “Tu padre y yo, "Nosotros" te buscábamos
angustiados”. Pero Jesús, mirando a José, levanta los ojos al cielo y le
responde: “Padre mío”. Y más tarde dirá: “Mi Padre y yo, somos
uno.” Como si el "Nosotros" de José y María le hubiera evocado
el "Nosotros" de la Trinidad Santa.
La unidad de los padres, manifestada en la oración, hace que el hijo levante
los ojos y los dirija al Padre del Cielo. Esplendor también de la oración
antes y en el momento del acto conyugal. Confiarlo al Espíritu Santo, dueño
del amor y dador de vida.
Tobías y su esposa se unían en oración antes de hacer el amor. “Esta
oración que precede acto íntimo, muestra muy claramente la necesidad de
estar unido espiritualmente, de estar re- nacido juntamente con el Espíritu
Santo, para que la relación íntima sobrepase el mero deseo sexual.”
Os incumbe una gran responsabilidad, amigos padres, en la formación
espiritual de vuestros hijos. Normalmente nunca os ven orar con ellos en la
Eucaristía dominical ni en casa. ¿Cómo van a percibir la atmósfera de
religiosidad si no la ven en vosotros? Sois padres de la sangre y de la carne
de vuestros hijos y también padres de la educación de su espíritu.
La fe le da al hijo alas para volar por encima de los peligros y dificultades
que la vida les presente. No es cosa de su bautizo y primera comunión
solamente. No, amigos padres, es una educación integral la que necesita
vuestro hijo si queréis formar un ser equilibrado en todas sus ricas facetas.
No descarguéis vuestras conciencias en los colegios y en las catequesis. Todo
es necesario, pero el ambiente de veros a vosotros viviendo lo que ellos
aprenden, es la clave de todo. No es quepa la menor duda. ¿Por qué no vas a
misa?- les pregunté una vez a unos niños y niñas. Y me respondieron así:”
Porque nuestros padres no van. Luego, si ellos no van- pensaban los chicos y
chicas- es que debe valer poco la Eucaristía. Son listos, no creáis.
2) El perdón: es el mejor de los tranquilizantes
La oración es el lugar por excelencia en donde se puede dar y recibir el perdón.
Muchas parejas se han separado a causa de no saberse perdonar. ¡Cuántas
heridas podrían haberse evitado con un perdón dado a tiempo! Un perdón
rechazado es una bomba que explota, un amor que ha sufrido un cortocircuito:
la corriente no pasa ya.
¿Por qué esta corta palabra “¿Me perdonas?” es la más difícil de
pronunciar en nuestra lengua? ¿ Por qué se queda a menudo en la garganta? Un
perdón dado es el alcohol de 90º sobre una llaga. Si no, viene la infección,
después el absceso y la espera de una intervención quirúrgica. ¿Por qué,
pero por qué aguardas a que el hogar esté al borde del precipicio?
Cada noche ofrece y recibe el abrazo del amor. Miraos fijamente en los ojos,
bendeciros con una pequeña cruz en la frente: el mejor de los
tranquilizantes. Aligerado del peso del resentimiento, te vas al descanso en
paz. No tengas miedo al mañana. Las tensiones se aplacan. Los conflictos se
resuelven. Sí, perdón recíproco = la más segura de las “Mutuas”.
Debe circular entre los esposos como entre los hijos. Sepan también los
padres pedir perdón a sus hijos y viceversa. Entonces la alegría puede
resplandecer sin sombra. Para que el niño se convierta realmente en
persona, debe desarrollar todas sus potencialidades esenciales entre las que
hay que tener en cuenta su interioridad”.
La transparencia: ¡Una confianza!
La vida familiar es una llamada a florecer. Las mismas diferencias y
dificultades son beneficiosas con la condición de que no se desliguen del
amor y de la verdad. No permitas que se forme una herida o una llaga
infecciosa. Cuando haya una tensión que desencadena un conflicto, habla a tu
cónyuge y haz con él la operación del perdón o reconciliación. No
escondas nunca ninguna sombra entre tú y él.
Haz la paz, y en la dulce paz que reina entre el Padre, el Hijo y el Espíritu,
podrás dormir tranquilo. La transparencia devuelve fosforescentes las
diferencias. Por ella, las relaciones nos permiten ser nosotros mismos y
unirnos interiormente. Como sucede entre el Padre, el Hijo y el Espíritu.
El aprendizaje de la vida comunitaria
será mensaje para miles de hermanos
si está basado en la Vida Trinitaria.
Contra las tensiones y las infecciones: La confesión
Cuando los padres piden perdón a su hijo, y ante él, el perdón de Dios,
entonces sabe el hijo que hay como una distancia entre Dios y sus padres. Que
no puede confundirlos pura y sencillamente. Que no puede arrojar sobre Dios el
resentimiento que él puede experimentar para con sus padres. Los ve haciéndose
niños ante Dios. Y, de pronto, Dios, ante sus ojos, no corre el riesgo de ser
caricaturizado por sus padres. Hay Alguien más grande, más bello, más santo
que ellos.
Pero, ¿cómo ser lo suficientemente pobre en el corazón para mendigar este
perdón, si nunca te hincas de rodillas ante el Señor Jesús para que él
mismo dinamite y eche fuera con una sola palabra tu pecado, te libre de la parálisis
y te ponga de pie en la alegría de haber encontrado su intimidad?
¿A quién ha confiado Dios esta palabra- que solamente puede decir Dios, pues
sólo él puede crearla? A esos hombres pecadores como tú, para que te
sientas plenamente confiado: los sacerdotes.. Este maravilloso
sacramento de la Reconciliación es una verdadera operación de cirugía estética:
en el rostro de tu corazón. Te devuelve la belleza de una eterna juventud.
Otra cosa que ayuda a vivir en una paz siempre recuperada: decirse que tanto
el marido como la esposa pueden ir los primeros a Dios. Vive hoy como si mañana
murieras.
Como si fuera la última jornada con él. De pronto, se relativizan todas las
cosas. ¡Inténtalo! Verás qué densidad adquiere tu relación con él o con
ella.
Puntos para el diálogo
1.Vivís esta dimensión de la oración en casa?
2.¿La hacéis con vuestros hijos?
3.¿Os cuesta mucho perdonar?
4.¿Es por testarudez inmadura?
5.¿Frecuentáis con vuestros hijos los sacramentos?
3) El compartir: oasis en donde renace un
amor herido
La oración permite -como nada en el mundo- compartir, escucharse y vivir una
transparencia. Ella nos enseña a dar el tiempo gratuitamente. ¡Cuántos
malentendidos se disipan -como la nieve al sol- cuando uno puede expresarse
apacible y sinceramente! La falta de transparencia y de verdad en la pareja
son como el gusano en la fruta: la corroe y la pudre.
Para remediarlo: compartir siempre, hablarse, manifestarse las alegrías, las
penas, las angustias, las dificultades... No un compartir frío, como un libro
de cuentas, sino un humilde balbuceo o intentos pequeños en común para
levantarse y para vivir en verdad. Es entonces cuando de ti mismo o de ti
misma nace la necesidad de compartir con todos, sobre todo con el pobre.
La oración que nos reúne en familia, nos lleva a abrirnos al otro: el
extranjero, el desconocido, el que llega de improviso. Se le acoge como si
fuera Jesús quien tocara a la puerta.
Hoy como nunca, el mundo necesita de oasis de amor, en donde los más heridos
por la vida, los frustrados por el amor deben sentirse escuchados, acogidos,
amados. Encontrarán el gusto por la vida, el deseo de amar, perdido desde
hace largo tiempo. Las familias se convertirán así en lugares de curación
de una multitud que tiene el corazón destrozado. Las familias no se replegarán
sobre sí mismas. No formarán pequeños ghettos o grupos cerrados. Ofrecerán
al pobre en esperanza lo mejor que ellos viven: una ternura mutua, bendecida y
fecundada por Dios mismo.
La cultura científica y técnica, ordenada directamente a la eficacia, es
como una chapa de plomo que detiene los impulsos del amor. Frente a esta
cultura, la familia cristiana debe ser un pequeño oasis de amor, en donde se
retome el amor en su misma fuente de la que saldrá un manantial. Un lugar en
el que el amor humano pueda salir victorioso en todas las luchas contra el
amor; contra todas las ideologías que quieren apartarse del amor.
Pero, ¿ cómo acogerlos sin que se corra el riesgo de una desestabilización
de la familia? . Precisamente, mediante la oración, en la que las fragilidades
familiares se refuerzan con el ímpetu de la Presencia de Cristo en medio de
ella.
Entonces, en cierta medida, se puede, sin demasiados riesgos, acoger jóvenes
en proceso de curación, compartiendo una comida, o viviendo un tiempo
determinado a nuestro lado.
Este deseo de compartir se va extendiendo cada vez más en las parejas jóvenes
que piden a sus parientes y amigos que los regalos se los hagan a los más
pobres en lugar de a ellos:
“Dos jóvenes han venido a verme, me han dado una gran cantidad de
dinero. Les he preguntado de dónde procedía este dinero. No me dijeron nada.
Tan sólo eran conscientes de que con ese dinero podían alimentar en Calcuta
a 9.000 familias desheredadas al día. Me han dicho: Llevamos casados dos días.
Antes de la boda hemos decidido no tener ni fiesta ni vestidos especiales de
boda. Hemos preferido,- decían sonrientes- entregar el dinero equivalente. Y
sé muy bien que en una familia hindú eso representa un gran sacrificio. Les
he preguntado:¿ Por qué habéis hecho eso? No adivinaréis la respuesta que
me dieron: ‘Nos amamos de tal modo que deseábamos compartir la alegría de
amar, con personas a las que usted ayuda’ ” ( Madre Teresa de Calcuta)
Estos remedios gratuitos, ¿ en la mesilla de
noche?
¡Cuántos hogares están dislocados porque alguno de estos pilares no se
viven! Por el contrario, en muchos otros, gracias a los pilares, ha entrado un
aire fresco desde el día y momento en que se pusieron como meta vivir en
profundidad la realidad amplia de su matrimonio.
Un hijo de estos matrimonios le dijo a sus padres mientras discutían a
gritos: Acordaos de vuestro matrimonio.
Otros tantos, tras vivir alocadamente, han vuelto a recuperar la marcha de su
matrimonio haciéndose pequeños con los pequeños, llamando a veces a un
sacerdote y amigos casados para compartir una comida, una velada y
reconciliarse.
Yo mismo he conocido a quienes, en vísperas de su divorcio, han conocido esta
imprevisible renovación en la gracia del matrimonio. La gracia nunca falla, y
está siempre dispuesta a brotar en el corazón de quienes se aman, a pesar de
sus caídas. Basta a veces poco para lograr que las heridas se cicatricen. ¡Una
mirada! ¡Una sonrisa!¡ Un gesto de ternura!¡ Una palabra! ¡Un regalo!
Pero ¿quién está dispuesto a seguir esta llamada?,¿ quién tiende la mano
a estos medicamentos, siempre a mano y ofrecidos en el mar de la limpieza? No,
amigo/a, no dejéis que la gracia de vuestro matrimonio muera en vosotros.
Volvedla activa. Rezad para que Dios florezca de nuevo en vosotros. Habéis
visto hasta ahora tres pilares. Nos queda el Pan de la Eucaristía.
Puntos para el diálogo
1. ¿Qué compartes y cómo?
2. ¿Sois abiertos?
3. ¿Ayudáis a otros?
4. ¿Formáis parte de algún grupo cristiano?
5. ¿Compartes tu fe sin reparos ni estúpidas vergüenzas?
4) La Eucaristía
“Yo soy el Pan vivo. Quien lo coma vivirá para siempre”
En el umbral de este pilar, te confieso que debes dar un salto en el vacío de
una confianza total, como si saltaras en paracaídas. Este salto no puedes
darlo sin una intervención de Dios en tu corazón. Esta intervención de Dios
puedes pedirla, provocarla o al menos desearla. La comprenderás desde dentro
de ti mismo. Te hablo como persona que estás abierta a la experiencia de los
otros. Tu inteligencia y tu corazón tienen más recursos de los que te puedes
imaginar. Te recuerdo que millones de personas de cualquier edad encuentran el
equilibrio, la fortaleza y el bien interior en este Pan. Es más: millones y
millones han muerto por defender su fe en este Pan.
Después de haber hablado de tu cuerpo, ahora os hablo del cuerpo de Otro. Un
cuerpo totalmente especial, pero tan auténtico como el tuyo. Dios, para
restablecer la armonía rota de su creación, pensó en enviar al mundo a su
Hijo. Y la cosa más admirable que Dios solamente puede hacer, fue dejarnos su
cuerpo. Dios no tiene cuerpo. Por eso hacía falta salvar al hombre por su
cuerpo. Necesidad vital- vital para nosotros- si él quería y quiere curar
todo en el hombre.
Durante siglos, preparó el nacimiento de una joven. Un día hermoso, vino
Dios a pedirle su cuerpo. ¿Quieres darle a mi Hijo tu sangre, tu carne, el
color de tus ojos, los trazos de tu cara? Y María dio a Dios sus manos, sus
labios, sus oídos, todos los miembros de su cuerpo y sobre todo su corazón.
Dios concedió al mundo un mamá en María la Virgen. Quiso tener esta
experiencia nueva para El: estar sometido a nuestros condicionamientos de
cronología y de geografía: estar limitado por un tiempo y por un lugar. El
Evangelio se abre por su genealogía. No es, por tanto, fruto de una generación
espontánea. Cristo nació de María. Y por una especie de operación quirúrgica,
María a va ser preservada del pecado. El contagio universal se neutraliza en
ella. Una sangre- luz circula por sus venas: por transfusión, Jesús podrá
desinfectar la sangre contaminada de la humanidad enferma.
Segunda operación quirúrgica de Dios
Jesús va a nacer sin intervención carnal del hombre. En un mundo envejecido
por el pecado, irrumpe de golpe algo totalmente nuevo e imprevisible: Jesús
es concebido en el seno de María por una intervención inmediata del Espíritu
Santo sin ninguna relación sexual. Es fecundada por Dios, no por José. Jesús
sigue siendo Dios y ahora es también hombre.
Dios visto en ecografía
Si le hubieran hecho una ecografía a Jesús, se hubiera visto el comienzo de
su vida como un embrión de segundos, minutos, horas, días y semanas. A
partir de la tercera semana, la ecografía podría apreciar el corazoncito
palpitando, ese Corazón que sería un día desgarrado en la Cruz y que
permanecerá abierto para siempre.
Jesús ha conocido la imaginable complicidad fisiológica y espiritual que tú
has vivido en el vientre de tu madre. Durante nueve meses, él ha escuchado su
música de fondo, los latidos de su corazón. Ha sido vulnerable, receptivo a
todo lo que María vivía, pensaba, sentía, hacía y amaba. Todo lo que la
ciencia descubre acerca de la vida intra -uterina, Cristo lo ha conocido. El
puede curar todas las heridas remontándose al tiempo de la gestación que nos
ha marcado para toda la vida.
Luego quiso nacer, educarse, aprender a hablar, andar, trabajar. Tuvo
1,2,3...33 años. Su cuerpo fue vulnerable a la fatiga, al hambre, la sed, el
sueño, el sufrimiento y la muerte. Conoció la tentación aunque nunca cedió
a ella.
Su Cuerpo no es una apariencia ni un fantasma. Si Dios ha querido tener un
cuerpo, fue para mostrarnos que el mal hiere también el Corazón de Dios. En
la carne de Jesús siento, toco y veo hasta qué punto el pecado hace mal al
Corazón de Dios.
Escándalo que un Dios no haya querido hacerse un ángel, sino que haya
querido asumir lo que hay de más pobre, más frágil, más miserable en
nosotros. El platonismo diría que se encarceló en un cuerpo. Pues no. Dios
se hace Cuerpo. Creo que habría mucha menos gente - que se llama
cristiana -, si realizara lo que eso significa y lo inaudito que es.
Misterio inaccesible, incomprensible para las filosofías extremo- orientales,
para el Islam. Como para el Judaísmo, pero por otro matiz o rasgo. Realmente
es la piedra de choque contra la cual todas las religiones tropiezan. Y sobre
la cual se desencadenan todas las herejías. Estas quieren hacer ver que Dios
no ha sufrido verdaderamente, y que su cuerpo era una pura apariencia.
Este Cuerpo, concebido en el seno de María, llevado en sus brazos,
crucificado y resucitado está en la gloria a la derecha del Padre.
Pero no nos ha dejado solos. Antes de su muerte, con sus primeros amigos, cogió
pan en sus manos y dijo: “Esto es mi Cuerpo”. Esta afirmación quiere
simplemente decir: “Soy yo”. Les pidió que continuaran diciendo estas
mismas palabras en su Nombre sobre otros trozos de pan. Y no solamente ellos,
sino los que les sucedieran.
Y he aquí que de generación en generación, unos hombres- a los llamamos
sacerdotes- dicen exactamente las mismas palabras de Jesús sobre otros
pedazos de pan, y se convierten cada vez en el mismo, único, idéntico Cuerpo
del mismo, único e idéntico Jesús. Pues son palabras que hacen lo que dicen
como sólo puede hacerlo Dios.
Palabras creadoras, del mismo tipo que las que han lanzado las galaxias en el
espacio cuando la creación del mundo.
Este pan se convierte en el Cuerpo de Cristo mediante la palabra de un
sacerdote y mediante la intervención directa e inmediata de Dios. El
sacerdote y el Espíritu Santo: jamás el uno sin el otro: la misma
complicidad, concertación, colaboración que entre María y este mismo, único
e idéntico Espíritu Santo.
Pan y Vino se convierten en la misma, única e idéntica Carne y Sangre que
el hombre ha dado, por María, y que Dios ha recibido de María. Cada misa es la Anunciación, la Navidad.
Este Cuerpo actualmente vivo de Jesús en el cielo, este Corazón batiéndose
en una carne humana, esos ojos de Jesús, esta humanidad maravillosa no está
relegada en una gloria lejana. Está ahí, al alcance de tu mano. Puedo
cogerla en mis manos. Pero bajo la forma de pan y de vino, para no
horrorizarme ante el atrevimiento de comer la carne y beber la sangre. Para
darse a mi, en la tranquilla belleza de las cosas más sencillas, más
ordinarias, más banales de la vida. Y así transformar las cosas desde dentro
en las cosas más simples, banales, ordinarias de mi vida.
Así, una simple cosa, se convierte de pronto en una Persona. ¡Y qué
persona! La misma de mi Creador y de mi Salvador, que viene a salvarme y a
crearme de nuevo. Fabulosa transmutación: un poco de materia que se convierte
en Aquel que la ha hecho. Y en todas partes es siempre el mismo, el único e
idéntico Jesús. Fabulosa unidad casi - física de los hombres entre sí, sea
el lugar que sea del globo, o la época de la historia.
Que lo sepas o no, que creas en ello o no, que pienses en ello o no, es lo que
ocurre en cada misa por pobremente que se celebre. Es lo que se designa con el
término Eucaristía (que quiere decir “acción de gracias” )
No hay vida física sin vida eucarística
¡La Eucaristía! Puesto que mantengo mi existencia de las manos de Dios, y
puesto que Dios está completamente en el Cuerpo de Jesús, en buena lógica
cartesiana, hay que concluir: mi cuerpo no es plenamente mío, salvo que esté
en Cristo. No habito mi cuerpo nada más que habitando el Cuerpo de Jesús. Mi
cuerpo no es mío, sino cuando Cristo vive en mí. ¡Mi cuerpo forma parte del
Suyo!
La Eucaristía da la unión más espiritual que uno se pueda imaginar a través
de una comunión corporal que se ve. Si es una realidad tanto física como
espiritual, no es posible que tu sexualidad- también física y espiritual- no
se sienta afectada. Es tu cuerpo en su globalidad el que es alcanzado por el
Cuerpo de Jesús en su integridad.
Un abrazo no sexual , sino nupcial
Su alma se une a la tuya, su espíritu al tuyo, porque su carne se une a tu
carne y su sangre corre por tus arterias. Contacto inmediato, tangible,
palpable, físico.
Pero lo ven sólo los ojos del corazón. No lo siento. Lo sé. En la comunión
se consuma una unión de orden nupcial. Los jóvenes de hoy - como los santos
de ayer - lo saben: “Recibir el Cuerpo de Cristo es recibir de Cristo un
abrazo eterno” (Malika, 18 años).
Los que han vivido relaciones sexuales con un gran amor, pueden comprender de
una manera muy íntima e interior esta unión nupcial de la Eucaristía.
Estas palabras son de la joven Christelle: “El me ha demostrado que me
amaba. Cuando está en mi cuerpo, no existo nada más que para El. Pertenezco
sólo a El. Para mí, hacer el amor es muy hermoso cuando estás con alguien a
quien conoces y sabes que te ama con todo su corazón”. ¿ Puedo decir eso
después de cada comunión? Su Cuerpo y tu cuerpo: ¿dos o uno? ¿Eres de
verdad “corporal” y “consanguíneo” de Cristo?
Todas las religiones del mundo chocan contra esto, o bien se prosternan. El Señor
es para tu cuerpo y tu cuerpo para el Señor. Destinados el uno para el otro.
No invento nada. Lo dice san Pablo en la carta a los Corintios. Cuando tu
cuerpo recibe el suyo, tu alma se abre al Espíritu.
Cuerpo a cuerpo con Dios
Jóvenes y menos jóvenes encuentran hoy las expresiones mismas de los santos
de los primeros siglos:
“En la Eucaristía no sabemos ya quién es quién, pues entre el Padre y
nosotros, entre el Bien – Amado y nosotros arde este Espíritu de Amor. El
fuego que arde es la confusión de nuestras dos llamas de amor, que estallan
de pronto en una inmensa hoguera en la que reina la plenitud del Amor. Esta
plenitud es tan grande que todo placer humano vale poco a su lado. Este don
del amor es tan fuerte como la castidad que se alimenta de ella misma.
Por eso la Eucaristía es una necesidad vital para nosotros y diariamente. Si
me quedo sin vivir la Eucaristía muchos días, me cuesta mucho mantener la
castidad. La castidad que hay que vivir en el acto sexual es el respeto del
que se ama, pues su cuerpo está habitado por Dios. Por eso, una pareja no
puede vivirla si no es en el misterio de la Eucaristía, que sobrepasa todas
las pasiones pecaminosas del hombre” ( Chantal, 16 años).
Catherine de Hueck en su carta a los sacerdotes , les dice: “Algunos dicen
que vosotros debéis casaros para saber lo que es amar. He estado casada dos
veces ( su segundo marido se ha ordenado de sacerdote). Pues bien, lo que se
llama éxtasis de la carne, sé lo que es, pero lo afirmo: una recepción del
Cuerpo de Cristo y de la Sangre del Señor es un éxtasis más allá de toda
inteligencia. La penetración en mi alma del más fantástico de los amores,
hace palidecer al resto”
¿Voy a obligar a Jesús a prostituirse?
Resultado: tu cuerpo no te pertenece ya. Está habitado. ¿ Cómo respetar la
Presencia en la Eucaristía sin respetarla en la carne? Violar esta Presencia
en un cuerpo de carne, o profanar la Eucaristía es en los dos casos un
sacrilegio. Y para quien comulga, fornicar,¿ no es una manera de
“prostituir a Dios”?
“Mi propia hermana y su marido me han dicho que si quería casarme, debía
acostarme con cualquiera que me agradara en aquel momento. Palabras chocantes
que me han hecho daño. Y puesto que estoy en el Cuerpo de Cristo, es evidente
a mis ojos que no puedo hacer eso. Sería como si obligase a Jesús a
prostituirse. Soy hija de Dios, hermana de Jesús, debo mi vida al Amor de
Dios, mi rescate al Amor de Jesús. ¿ Cómo es posible pensar en una cosa así?
Es algo humillante lo que le infligiría al Cuerpo de Jesús” ( Katy, 18 años).
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