Música de Dios

"¡ Proclama mi alma la grandeza de Dios,

se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador !"

(Lc 1. 46-47)

 

María es música de dios. Es la música de Dios por excelencia. Nadie ha cantado ni cantará nunca la Gloria de Dios como ella. En María se han derramado en plenitud todos los dones para la oración, la alabanza y la adoración.

Nuestra Madre es, además, la compositora del mejor himno de la historia: el Magníficat. Según la tradición del pueblo hebreo, un poema así necesariamente debía ser cantado. María –pues- canta con palabras bíblicas su agradecimiento gozoso a Dios en el momento de visitar a su pariente Isabel. ¿ Podemos imaginarnos un ministerio de música o una asamblea de oración con un derramamiento de carismas para la música y la alabanza comparable a aquella reunión: María, Isabel, Juan y Jesús ?

Dice Juan Pablo II en su Encíclica "Redemptoris Mater": "El canto del Magníficat expresa la experiencia personal de María. En él resplandece el misterio de Dios, la Gloria de su inefable santidad".

Las raíces del canto de María están en el cántico de Ana (1 Sam 2, 1-10) y en multitud de salmos :

> Mi alma se alegrará en Yahvéh y se gozará en su salvación... que libra al desvalido del poderoso, al pobre y al afligido del que lo despoja 35, 9. 10.

> Magnificad conmigo a Yahvéh, ensalcemos a una su nombre 34,4.

> Vuelva su rostro a la oración del despojado, y no rechace su plegaria. Se escribirá todo esto para la edad venidera, y un pueblo nuevo a Dios alabará: que Yahvéh se inclinó desde lo alto de su Santuario, desde los cielos a la tierra miró para oír el gemido de los cautivos 102, 18-20.

> Yahvéh atiende al humilde 138, 6.

> Bendice, alma mía, a Yahvéh. Eterno es su amor para los que le temen 103, 1. 17.

> Alabad a Yahvéh; cantadle a nuestro Dios, que es dulce su alabanza. Yahvéh levanta a los humildes y humilla a los impíos 147, 1. 6.

> Los ricos quedan pobres y con hambre; mas quienes buscan a Yahvéh de ningún bien carecen. 34, 11.

Hay también reminiscencias en otros salmos y libros sagrados :

Is 61, 10. Hab 3, 18. 1 Sam 1, 11. Mal 3, 12. Jos 8, 29. Job 12, 19. Eclo 10, 14. Gn 31, 42. Job 22, 9. Sal 71, 19; 111, 9; 118, 15; 89, 11; 107, 9; 18, 51 .

El canto de María está compuesto enteramente de textos bíblicos, porque Ella guardaba la Palabra de Dios en su corazón y vivía todo lo que proclamaba. Por eso el Magníficat es un canto ungido. Nace de la Palabra que se hace vida justo allí donde actúa el Espíritu Santo: en el interior de María.

Para un ministerio de música, María es modelo a seguir, una continua referencia. En nuestro servicio musical, María nos enseña a actuar con valentía, en humildad y en unidad. Hemos de actuar con la valentía de María para proclamar la grandeza y la santidad de nuestro Dios; pero en nuestra entrega y nuestra pasión por el Señor y sus cosas, debemos mantenernos en humildad. Sentirnos como lo que somos: un frágil y tosco vaso de barro que Él ha llenado de sus tesoros (2ª Cor 4, 7 ).

María nos muestra en qué debemos convertirnos cada uno de nosotros si queremos trabajar para el Reino desde la música : una humilde esclava, un humilde esclavo. Sólo desde nuestra conciencia de "incapacidad", de nuestra "pobreza radical", como María, podemos vivir, actuar, cantar en unidad. Dios es el único artista. Y Él recibirá mayor gloria cuanto más frágil es la materia con la que hace su obra de arte. De este modo, como en María, nuestra pequeñez engrandece la obra de Dios. Porque el Señor ha elegido lo débil del mundo, lo imperfecto, lo que no cuenta (1ª Cor 1, 27-31 ). Ha elegido a María. Nos ha elegido ... ¡a nosotros!.

Por otro lado, cada vez que un ministerio de música se reúne, actúa y sirve en el nombre de Jesús, allí esta María. Para defendernos del Enemigo. Para mantenernos en humildad, entrega y unidad. Para hacernos dóciles, como Ella, al soplo del Espíritu. Es Ella, nuestra Madre, la Madre de Dios, quien nos sostiene. Y, con su intercesión, consigue lo imposible: transformar el agua (simples notas y palabras) en vino (mensajes de santidad y bendición). Con Ella, nuestro canto será un canto nuevo que clama poderosamente al Padre, desde el Espíritu Santo, para proclamar y establecer, en todo tiempo y lugar, el Señorío de Jesucristo.

El mismo Dios que miró y escogió a María, te ha mirado a ti. Su fuerza se mostrará en tu impotencia (2ªCor. 12, 9 ). Él quiere que seas, como María, música de Dios. Dile como Ella: ¡Heme aquí, Señor. Hágase vida , en mí, tu canto nuevo!

Entonces iré y ... cantaré y tocaré tu Gloria a las naciones.

Javier Rodríguez . Comunidade Caná