VIVIR en el Espíritu
para CANTAR en el Espíritu
Javier Rodríguez
Comunidade Caná
"Quien ha aprendido a amar la Vida Nueva sabe cantar el cántico nuevo. De manera que el cántico nuevo nos hace pensar en la Vida Nueva. Hombre nuevo cántico nuevo, testamento nuevo... todo pertenece al mismo y único Reino”
(S. Agustín)
El
cristiano que busca sinceramente conocer el lugar que la música debe ocupar en
su propia vida, tiene en la Palabra de Dios una norma general que se puede
aplicar a cualquier ámbito de su existencia: "Hacedlo todo para la Gloria
de Dios” (1 Cor 10, 31).
Quien
haya aceptado a Jesús como su Señor y Salvador,- ya no es autónomo o autónoma
para fijarse su propia ley, ya que ahora está "bajo la ley de Cristo Jesús”
(1 Cor 9, 21). Y Jesús buscaba siempre lo que era agradable a Dios y servía
para darle mayor gloria (Jn 7,18; 8, 29, 8 49; 17, 4).
“Porque
ninguno de nosotros vive para si mismo y ninguno muere para si mismo” (Rm 14,
7). "Cristo murió para
que los que viven, ya no
vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos" (2 Cor 5,
15) "para que en todo sea glorificado Dios por medio de Jesucristo”(1 Pe
4, 1 l).
Si
hemos nacido de nuevo del agua y del Espíritu, desearemos hacer todas las
cosas, también la música, para gloria de Dios. Todas mis cosas están bajo la
mirada, de mi Padre; soy su hijo y vivo en función a Él. La música que
aceptamos escuchar, la que componemos, la que cantamos o tocamos solo o con
otras personas debe contribuir a glorificar a Dios.
Hacer
algo para la Gloria de Dios significa que deseamos que Él reciba todo el Honor
y la Alabanza de nuestra acción y que un mejor conocido, amado y servido. Por
tanto, renunciamos a nuestra propia gloria personal. El mundo de la música,
como toda actividad artística, ha sido desviada hacia la glorificación del
hombre. Una de las metas reconocida o no de los artistas es la de hacerse un
nombre. Y Jesús dice con respecto a esto: "más entre vosotros, no será
así" (Mt 20,26). En una oración común o en cualquier celebración litúrgica
es inconcebible que músicos o cantores sean protagonistas. La música es
ofrecida a Dios igual que las oraciones. No nos reunimos en el nombre del Señor
para disfrutar de la música o para apreciar su calidad.
"Todas las cosas me están permitidas, pero no me dejaré dominar por ninguna”. Incluso las mejores cosas pueden convertirse en un peligro para mi libertad si se convierten en imprescindibles para mi bienestar si no puedo vivir sin ellas. Hoy en día la música se ha convertido para muchos en una droga, de la que les sería muy difícil prescindir. La música es un medio maravilloso por el cual Dios puede damos Paz, Alegría, Fuerzas.... pero siempre seguirá siendo un medio, como los alimentos o las medicinas, en las manos de Dios. No es de la música por si misma de quien espero estos beneficios, sino de mi Padre que me ama. Debe evitar por tanto, dedicarles más tiempo, fuerzas o receptividad de lo que el Señor me muestra como conveniente para no depender de ella. Para muchos "melómanos" la música se ha convertido en un sucedáneo de la religión. Tienen necesidad de ella para tranquilizarse o animarse. Esperan de ella lo que nosotros esperamos de Dios: Consuelo, transformación interior, comunión con los otros la música es una sierva de Dios; si no ocupa su lugar, se hace un ídolo, un falso Dios. Hacer música para la Gloria de Dios es contribuir a que Dios su conocido, tal como verdaderamente es, por el mayor número de personas. Glorificar "El Nombre de Dios” (Jn 17,18). Es manifestar y hacer reconocer sus cualidades: Su Majestad, Su Gracia, su Ternura Su Belleza. La música glorifica a Dios cuando refleja estas cualidades y las evoca en el interior de los oyentes. «Una música para la Gloria de dios -dice Küen- es una música de Paz, en el sentido de Shalom: plenitud, realización, felicidad “.
Pablo,
justo después de haber hablado del canto, dice: «y todo lo que hagáis, sea de
palabra o de obra, hacedlo en el Nombre del Señor Jesús
(Col, 3, 17). Hacer
una cosa en el nombre de alguien, es hacerlo tal como él lo habría hecho,
representando su personalidad, su naturaleza, hacerlo con su amor y su
autoridad. Una música hecha en el Nombre del Señor Jesús debe reflejar su
persona, su Fuerza, y su Dulzura, su Verdad y su Pureza, su Amor y su Poder, y
también su Celo, su Pasión por el Padre, su indignación ante el mal. Una música
de esta clase podrá tener, según los momentos, fuertes sonoridades, acentos
peculiares, diferentes estilos, pero no se complacerá en excitar ni en
condicionar. No será de carácter caótico o exagerado, sino que transmitirá
la serenidad y el equilibrio que nacen del triunfo de Dios sobre toda división
o destrucción.
En
el Antiguo Testamento, los músicos del templo eran levitas sometidos a las
mismas obligaciones que sus hermanos. No tenían ningún privilegio ni
patrimonio; Dios mismo era su heredad (Num 18,29; Dt 10,9). Algo semejante ha de
suceder con quienes son llamados a servir al Señor a través de la música y el
canto. Un ministerio de música es como un ministerio de intercesión o de
predicación: un servicio al Señor en la Comunidad. Significa, de algún modo,
una consagración a Dios. La Comunidad -a través de sus responsables- tiene que
mantener una exigencia. espiritual y de coherencia de vida para todos los que
forman parte de un ministerio de música. "Solamente los músicos que viven
de una manera ejemplar deberían ser utilizados en la Iglesia” -dijo una vez
alguien con experiencia en el asunto-.
Quienes
sirven al Señor en este ministerio han de amar más a Dios y a su Palabra que a
la música. Deben tener una visión de la música y el canto desde la Palabra de
Dios y la Tradición de la Iglesia. Han de tener paciencia, equilibrio
emocional, capacidad de sometimiento y de trabajo en equipo; entusiasmo y celo,
compensados con sensatez y buen humor. En la base de todo esto: humildad. Sólo
con una vida de oración diaria y de entrega real se puede servir al Señor.