Crónica del Encuentro de Primavera’11 de Familias Invencibles
"Compartimos las enseñanzas y la oración. Compartimos la comida y la vida. Y en este Retiro vamos a compartir el encuentro con el Señor. Compartimos la luz como símbolo de entrega de la Luz del Resucitado, sus palabras de paz. Compartamos llevar la luz a nuestros hogares y el deseo de proclamarlo a todos. ¡Porque Dios nos ha creado para la Luz!"
Con estas palabras de bienvenida comenzamos el tercer Encuentro de Familias Invencibles de primavera de Extremadura. Y, en el himno de las laudes, ya se cantaba: ¡El resplandor del Rey destruyó las tinieblas!.
En estas laudes, nuestro Arzobispo, Monseñor Santiago García, nos alentaba a que no hagamos de los Encuentros unas "islas" donde separemos nuestra vida de nuestra fe. Nuestras experiencias de fe, las experiencias del Cristo Resucitado hay que proyectarlas en los quehaceres cotidianos. Tenemos que "hacer la vida" con estas experiencias. De este modo le damos un giro a los problemas y situaciones difíciles que nos deparan la existencia. Veremos con otros ojos, veremos con otra luz. Seremos portadores de la paz de Cristo, de la paz que Dios ha plantado en nuestro ser más íntimo y entrañable, habitado por su esencia.
Y, en este sentido se definía la primera "Enseñanza". No eran palabras de formación sino lecciones de vida: compartir la fe. Ya, desde el bautismo, hemos sido recreados como profetas, sacerdotes y reyes. Es donde se nos ha dado una vida nueva. ¿No es el momento de hacer realidad esta impronta establecida y deseada por Dios mismo?
La Carta de Pedro a los Efesios nos identifica como Familias Invencibles, sería muy bueno volverla a leer, volverla a vivir, volverla a sondear. Hay un poder sobrenatural, que es la gracia del matrimonio, que brota de la Trinidad y se derrama en los matrimonios. Y, de los esposos, como fuente nueva de gracia, salta a la familia. El único criterio, la única regla es el amor que procede de Dios.
Ya nos lo decía Juan Pablo II, en la Familiaris Consortio: la familia cristiana es una vocación al amor. La familia cristiana no es la familia perfecta, sino la familia que vive de Dios. Por eso San Pablo habla de que hay que presumir de debilidad porque es donde se manifiesta la grandeza y gracia de Dios.
El Párroco de la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe de Badajoz, D. Francisco Maya, nos habló sobre la situación actual de la familia cristiana, como se está desplazando lo religioso al ámbito privado y no se inicia en la oración. Nos habló sobre como comunicar las experiencias de fe porque el cristianismo no es un doctrina sino una vida y Dios introduce el amor como eje fundamental de estas experiencias, de su mensaje. Por último nos habló sobre el testimonio, el testigo de la fe, la propuesta de fe que debemos trasladar a nuestro entorno. Y, en este sentido, la mejor escuela de familia es el Familia de Nazaret, como lugar propicio para descubrir y experimentar, con toda su plenitud, el mensaje del Señor.
Y, en la tercera "Enseñanza" se nos mostró el testimonio de vida. Familias que rompe con la dicotomía fe-vida. Familias que integran sus vivencias de fe con sus vivencias de la vida. Para el cristiano, fe y vida deben ir unidas para que sea testigo reconocido de Cristo. Y este testigo se deja amar por Dios y se abandona en Él. Pero esta abandono en Dios emana de la esperanza que tenemos, y que vivimos, con Cristo. Somos capaces de ir asumiendo esas cruces diarias que tanto nos afligen. Las situaciones difíciles en la familia permanece pero se mira con nuevos ojos las circunstancias adversas. Es la mirada que procede del don de Dios, que nos lanza a proclamarlo como la razón de nuestra vida, el testimonio misional.
No faltó el gratísimo momento de adoración. El encuentro con el misterio de la presencia eucarística de Jesús, presencia real de Cristo que, desde su pasión, muerte y resurrección nos promete "estar con nosotros, todos los días, hasta el fin del mundo". Es el momento de la conversión, el momento de las indiscutibles, indudables y palpables experiencias de que Jesús acompaña a su pueblo. El momento de reconocer, a veces, la mayoría, con lágrimas en los ojos, que Dios siempre ha estado con nosotros y como nos sentimos amados por Él. Es el momento de la reconciliación con nosotros y con los demás, de nuestra reconstrucción. El momento de la misericordia de Dios con nuestro pasado y con nuestro presente. El momento en que nuestras vidas viran, como no podía ser menos, hacia la transformación completa de nuestro ser. Nos hacemos criaturas nuevas y, como Nicodemo, nacemos de nuevo.
La adoración desde el corazón , cuando se engendra en la intimidad de nuestra capilla, en la intimidad de nuestra fraternidad y en la intimidad de nuestro ser desencadena la proclamación de Santo Tomás: "Señor mío y Dios mío".
El encuentro con Jesús Eucaristía es el encuentro con el misterio de nuestra salvación: Cristo se hace eucaristía, es la acción de gracia de su redención, pasión, muerte y resurrección. Ante la presencia de Cristo Eucarístico vamos reconociendo nuestras limitaciones, faltas, pecados, intolerancia, incapacidades, cobardías y toda la carga de nuestro ser y de nuestra historia que nos hace separarnos del Padre. Cristo se hace Eucaristía para hacerse cercano, íntimo y, en el reconocimiento de aquello que llevamos en nuestros errores y debilidades florece la Gracia de la redención. Nos sentimos amados, redimidos y Cristo fuerte en nosotros.
Al igual que en el encuentro de María con Isabel, nosotros, en el encuentro con Cristo Eucarístico debemos proclamar nuestro "magníficat", porque hemos reconocido al Salvador. Un "magníficat" que nos hace Mensajeros de la buena noticia. Buena Noticia que debemos llevar a nuestra familia y a las familias que nos rodean.
Familias Invencibles así lo hace e invita a otras familias a que se hagan invencibles en Cristo Jesús. "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" le decía San Pablo a los Filipenses. Y nosotros, con el Apóstol, les decimos a las familias: "Todo lo podéis en Cristo que os fortalece" y haceros Invencibles por esta gracia derramada en vuestros matrimonios, formando una familia fuerte porque está unida al Señor de la Vida.
Así lo deseamos y así lo oramos.
Familia Sigler Alcántara |