ENCUENTRO  de  OTOÑO'08 - VALENCIA
¡Esta es la hora de la Familia
PowerPoint: Familia, cuna de la Iglesia

En la Iglesia y en la sociedad, ¡ésta es la hora de la familia!

“Todas las aflicciones y tribulaciones que nos sobrevienen pueden servirnos de advertencia y corrección a la vez. Pues nuestras mismas sagradas Escrituras no nos garantizan la paz, la seguridad y el descanso.
      Al contrario, el Evangelio nos habla de tribulaciones, apuros y escándalos; pero el que persevere hasta el final se salvará. Pues, ¿qué bienes ha tenido esta nuestra vida, ya desde el primer hombre, que nos mereció la muerte y la maldición, de la que sólo Cristo, nuestro Señor, pudo liberarnos?
      No protestéis, pues, queridos hermanos, como protestaron algunos de ellos –son palabras de S. Pablo-, y perecieron víctimas de las serpientes. ¿O es que ahora tenemos que sufrir desgracias tan extraordinarias que no las han sufrido, ni parecidas, nuestros antepasados? ¿O no nos damos cuenta al sufrirlas, de que se diferencian muy poco de las suyas? Es verdad que encuentras hombres que protestan de los tiempos actuales y dicen que fueron mejores los de nuestros antepasados, pero esos mismos, si se les pudiera situar en los tiempos que añoran, también entonces protestarían. En realidad juzgan que esos tiempos pasados son buenos, porque no son los suyos.
Una vez que has sido rescatado de la maldición, y has creído en Cristo, y estás empapado en las sagradas Escrituras, o por lo menos tienes algún conocimiento de ellas, creo que no tienes motivo para decir que fueron buenos los tiempos de Adán (...). También tus padres tuvieron que sufrir las consecuencias de Adán. Porque Adán es aquel de quien se dijo: “Con sudor de tu frente comerás el pan, y labrarás la tierra, de donde te sacaron; brotará para ti cardos y espinos”... ¿Por qué, pues, has de pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor que los actuales? Desde el primer Adán hasta el Adán de hoy, ésta es la perspectiva humana: trabajo y sudor, espinas y cardos ¿Se ha desencadenado sobre nosotros algún diluvio? ¿Hemos tenido aquellos difíciles tiempos de hambre y guerra? Viendo la historia no debemos protestar contra Dios por los tiempos actuales.
¡Qué tiempos tan terribles fueron aquellos! Así es que tenemos más motivos para alegrarnos de vivir este tiempo que para quejarnos de él.
                                                                        San Agustín

“Tanto amó Dios al mundo...”
La palabra “mundo” tiene dos acepciones para el cristiano. Por un lado el mundo el la sociedad pagana, la cultura imperante, lo que tantas veces criticamos y del que tenemos que separarnos. Lo mundano enfrente de lo sagrado.
Por otro lado el mundo es el lugar al que vino Jesús. Dios se hace hombre para liberar al mundo, para salvar al mundo. Nosotros somos parte del mundo. Y como laicos estamos llamados a vivir en el mundo, pero sin ser del mundo. Vivir en el mundo siendo portadores de la luz de Cristo.
Se nos puede ir metiendo en la mente y en el corazón un cierto miedo al mundo, desprecio al mundo, distanciamiento del mundo y queja hacia el mundo que nos ha tocado.
Para salvar al mundo Dios se hace hombre, se encarna. Y nosotros no tenemos otro camino más que el de encarnarnos.
¿Puede un bombero salvar a alguien del fuego sin meterse en él?
¿Pueden unos padres ayudar a sus hijos si están continuamente quejándose del mundo que nos ha tocado vivir, si están siempre aislando a sus hijos y tratando de vivir apartados del mundo. Si quieren transmitir la fe construyendo una familia-burbuja?
Aquí podemos presentar dos citas del Evangelio:

  1. La parábola del trigo y la cizaña. Dios todo lo hizo bien, ha sembrado trigo... Entonces ¿cómo es que ha aparecido cizaña? Es el enemigo quien la ha sembrado. Dejemos crecer juntos el trigo y la cizaña, ya llegará el momento de la siega. No es este el momento de arremeter contra la cizaña cortándola.
  2. La oración del fariseo: “Señor, te doy gracias, porque no soy como los demás hombres”

Recordamos la mirada de Jesús sobre sus contemporáneos. Los miró y tuvo compasión de ellos porque andaban como ovejas sin pastor.

Que el Espíritu Santo derrame en nosotros una mirada de compasión y de profundo amor al mundo, nosotros somos ahora Jesús. No necesita el mundo más ideologías y JPII nos lo decía en su Carta para el III Milenio

La familia cristiana la formamos
hombres y mujeres de Dios en el corazón del mundo;
hombres y mujeres del mundo en el corazón de la Iglesia.

Y somos el puente que hace posible el diálogo entre el mundo y la iglesia.

Somos la Iglesia pequeña. La gran Iglesia, la Iglesia grande está formada por muchas pequeñas Iglesias donde se hace presente a Dios en el mundo.
Debemos sentir clara nuestra llamada. No somos monjes, no somos consagrados para vivir nuestra fe apartados del mundo.

La familia cristiana es el lugar de la esperanza. Desde fuera de la Iglesia se anuncia un futuro incierto para la Iglesia. Se dice: “A estos les queda poco”. Desde dentro de la Iglesia se vive mucho pesimismo y falta de salida para la misión de la Iglesia. “Esto va a menos” “Sólo somos cuatro viejas” “No merece la pena para tan pocos” ...

Es la hora de la familia. La familia es el candelero donde brilla la luz que es Cristo. EL ES LA LUZ. Ayer, hoy y siempre, El es la luz del mundo. No se enciende una luz para esconderla, para ponerla debajo de la mesa, o debajo de la cama, sino para alzarla y que alumbre a toda la casa.
Mirad al que es la Luz, al que es Camino, Verdad y Vida y confiad en Él. Sabiendo que no debemos adaptar la luz al mundo, no debemos rebajar sus watios, ni descafeinar la fe. Si la sal se vuelve sosa, ¿quién la salará? Vosotros sois la sal y la luz del mundo.

  1. Llevando una vida digna del Evangelio de Cristo. Auténtica, sencilla, generosa, iluminada por la Palabra que se hizo carne.
  • Somos  portadores de la luz.
  • Llamados a llevar esperanza al mundo.
  • Somos mensajeros de buenas noticias.