FAMILIA : COMUNIDAD DE PERSONAS
Nosotros nos identificamos como familias
cristianas. Lo tenemos claro. La familia cristiana es COMUNIDAD DE VIDA Y
AMOR.
La FAMILIA, como comunidad de personas,
tiene tres características esenciales:
-
Un conjunto de personas que viven la
unidad porque comparten un proyecto de vida, un mismo sentido en la vida,
una misma dirección.
-
Están en camino hacia la plenitud
(personal y comunitaria) de una manera firme y coherente.
-
Los miembros de la familia viven
abiertos unos a otros y como familia está abierta a otras familias o
grupos de familias. Compartiendo su vida, su proyecto. Hay una actitud de
apertura.
No todo lo que hoy se entiende por “familia” tiene estas
características. Podríamos decir que no todas las familias son defendibles.
No es “la familia” lo que merece ser defendida, sino una familia que reúna
estas características.
De hecho, ciertos tipos de familia
pueden destruir a la persona (con su estrechez, su avaricia, su
individualismo...) tanto o más que la propia desestructuración de la
familia.
¿Cuáles serían esos tipos de no-familia?
-
La familia-masa o familia nominal.
Se convive más o menos sin conflictos, porque se
rehuye toda propuesta y toda exigencia. Existen unos individuos que unen sus
individualismos, pero no hay comunidad. Unos son parásitos de los otros. Lo
que se hace o deja de hacer viene marcado por la moda, la comodidad, la
improvisación, el hedonismo... Los padres disculpan y justifican a sus hijos
en sus compartamientos y dicen: “son jóvenes tienen que divertirse” o “no
hacen mal a nadie”. Sufren pacientemente las exigencias de sus hijos y se
dejan llevar por sus caprichos. Hay en esta familia individuos pero no
personas. Se van haciendo poco a poco unos desconocidos que conviven y
luchan por tener cubiertas sus necesidades.
Esta familia no es una comunidad
enriquecedora ni para los hijos ni para los padres, porque no hay propuesta
de ningún horizonte que oriente su acción.
-
La familia – asociación de iguales
Grupos familiares unidos por unas
mismas costumbres, unos mismos entusiasmos, una causa común. Pero esta causa
común es fundamentalmente económica. La colaboración es en función del
confort, del dinero. La familia se convierte en una pequeña unidad de
consumo. No hay conciencia de una paternidad y maternidad. A este grupo
pertenecen los divorciados y vueltos a emparejar. Aportan sus hijos. Tienen
que buscar soluciones para convivir.
No hay autoridad moral de ningún tipo.
Vale lo que funciona. Domina la
camaradería.
Se busca la ausencia de conflictos y la ley
del vive y deja vivir. Los padres organizan la casa, traen el dinero.
Los hijos estudian, se divierten y se procura vivir lo más feliz posible.
Hay móviles para todos, televisión en cada habitación. Se rehuye el
compromiso de cualquier tipo. Nos queremos, estamos bien. La familia forma
un clan que se encierra en sí misma y se sienten a gusto así, sin nada más.
Este tipo de aburguesamiento ahoga a las
personas porque no las deja crecer, sino que las encierra en pseudovalores:
la tranquilidad, la falta de compromiso, el no complicarse la vida...
>>> 2 esquemas
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Y ahora, vamos a volver a nuestro modelo
de familia con esas tres caracteristicas que señalábamos al principio:
-
Comunidad de personas.
Cada uno
es dentro de este grupo de personas, una persona insustituible, única. El
vínculo que nos une es el AMOR. Es este amor el que nos mueve a cuidar de
cada persona para que llegue a ser aquello que está llamada a ser, no
rebajar su dignidad y ayudar a la persona, al niño – mucho más-, pero
también al esposo y esposa a ser cada vez mejor. “Es necesaria una
vigilancia heroica para no hacer de los hábitos de la familia un peso que
ahogue las distintas vocaciones de sus miembros”(“La
familia y sus retos” Xose Manuel Domínguez Prieto –coleccón Sinergia-)
-
Comunidad de vida plenificadora.
En la familia toman cuerpo los valores. Se
hacen vida. Y estos valores compartidos día a día van dando lugar a una
experiencia que nos marca para toda la vida. De esa experiencia nace el
estilo de vida, el sentido de la vida y lo que más tarde dará lugar a
nuestra vocación. Esta familia está al servicio de las personas que la
integran. Y ayuda a cada uno de sus miembros a alcanzar la plenitud.
Las relaciones entre sus miembros son de
amor, fidelidad, servicio, generosidad, entrega de unos a otros, van
marcando una dirección.
Las relaciones entre los miembros de las
familias “no defendibles” eran de interés, comodidad, poder, privilegios,
competitividad, rivalidad..
Fijaos que la familia forma un entramado
de relaciones y todas ellas orientadas a hacernos mejores personas, a
hacernos crecer.
Ø
la pareja entre sí.
Ø
los hermanos entre sí.
Ø
los padres a los hijos.
Ø
los hijos a los padres.
Esta familia es el lugar privilegiado
de educación afectiva, educación de la voluntad, capacidad crítica.... estos
valores están hoy extraordinariamente descuidados en nuestra cultura y son
esenciales para el desarrollo integral de la persona.
-
Comunidad abierta y fecunda
La familia es una estructura que se basa
en la donación mutua de unas personas a otras y en la acogida. Es una
comunidad que da y acoge. Pero esta donación mutua no se acaba en sí misma.
No es familia fecunda la que sólo se mira
a sí misma.
Es muy enriquecedor para los hijos ver a los
padres trabajando no sólo para darles a ellos lo mejor (valor de corto
alcance), sino para construir un mundo mejor para todos (valor espiritual de
largo alcance).
La familia aburguesada es capaz de grandes
sacrificios pero envía continuamente a sus hijos un mensaje egoista que no
construye a la persona y no los prepara para la generosidad. Sin generosidad
no hay felicidad. El mensaje que envían estos padres a sus hijos es: “Tú a
lo tuyo”, “Tú mira por tu interés que nadie te va a ayudar a ti”...
Llamados a ser fecundos.
Esta palabra tantas veces utilizada por Dios
para hablarnos.
Desde el Génesis dijo Dios: “Sed fecundos”.
“Ahí tenéis la tierra, multiplicaos, creced, dad fruto, sed creativos”.
El lugar donde está Dios se compara en la
Biblia con una tierra frondosa, con una viña que produce frutos. El lugar
donde no está Dios con un lugar desértico y sin agua.
En el A.T. se nos dice: “Alégrate, la
estéril, darás a luz, darás fruto y se alegrará tu corazón”.
De manera especial, por Jesús en sus últimas
palabras a los Apóstoles:
“Os he llamado para que vayáis y déis fruto y
un fruto que permanezca”
PRIMERA
FECUNDIDAD
La fecundidad mutua, es decir, mutuo
enriquecimiento.
Toda vida verdadera es
encuentro.
Esta palabra tiene su significado más
pleno en el matrimonio. Un hombre y una mujer que adquieren el compromiso de
amarse para siempre. Es decir hacer de su vida un
encuentro.
Un encuentro
vital formado por encuentros cotidianos, por hábitos y rutinas, por un
compartir de momentos muy especiales, difíciles, decisivos o significativos
en la vida, por el encuentro de nuestros cuerpos como manifestación del
amor, de la entrega total.
En este sentido podemos decir que una
crisis es un desencuentro que se ha ido prolongando en el tiempo, y durante
ese tiempo, como un tumor, se ha ido extendiendo a diferentes facetas de
nuestra relación.
El final de la crisis es el final del
desencuentro o la aceptación serena de nuestras distintas opiniones o
posicionamientos de manera que podemos seguir encontrándonos. Podemos seguir
caminando en lo imperfecto, mientras llega lo perfecto.
En el encuentro cada una de las personas
quiere que la otra llegue a ser quien está llamada a ser, ofreciéndole su
riqueza personal, sus cualidades, su tiempo, su ser. Cada una apoya,
posibilita e impulsa al otro para crecer como persona.
Por el encuentro un “yo” y un “tú” se
convierten en un “nosotros”.
Hemos visto antes las no-familias, es decir,
grupos de personas que crean relaciones de utilización-mutua, de egoismos, o
intereses.
Superando estas relaciones ,que a veces hemos
experimentado en nuestra relación de pareja, son parte de nuestra naturaleza
caída, buscamos una relación que nos construya como personas.
La base de esta relación es la acogida y la
donación al otro.
Esta comunidad de personas que es la pareja
crea una realidad nueva. Y la unión hombre-mujer es así superior al mero
individuo.
Este encuentro verdadero entre un hombre y
una mujer da lugar a un proyecto de pareja:
Ø
conjunto de ideales, valores, intenciones, virtudes y
criterios de comportamiento que son compartidos y que los dos miembros
quieren llevar a cabo como pareja. Esto va creando una dirección en la vida,
un estilo de vida propio.
De esta primera fecundidad mutua nacen las
otras dos fecundidades.
Vamos a señalar algunas cosas prácticas y
concretas de nuestra relación que nos pueden ayudar:
-
Aprender a dialogar y dialogar mucho.
Cuidar la calidad de nuestros encuentros y más en tiempo de crisis. Hacer
partícipe al otro de lo que soy, de lo que deseo, lo que me pasa...
-
Dedicarse tiempo.
-
Ser realistas, con los pies bien puestos en
la tierra. Confiados en nuestro amor que nos hace torre fuerte y quitando
importancia a pequeñeces. Es decir, dando importancia a lo esencial y
relativizando lo accesorio. “En realidad, nunca pasa nada. Y si pasa ¿qué
importa? Y si importa ¿qué pasa?”
-
Evitar el silencio. El silencio es
destructivo
-
En el diálogo adoptar una actitud
constructiva, evitando ironías, sin juzgar al otro, con el deseo de llegar
a una solución. Dedicar un tiempo semanal al diálogo.
-
Ser sincero con el otro. Aprender primero a
ser sincero con uno mismo.
-
Echarle mucho humor. El humor es la
cualidad de ponerse a distancia de los problemas, quitándoles “hierro”.
-
Reunirse con otras parejas para, entre
todos, estimularnos y ayudarnos a crecer juntos.
-
Pensar que el otro/a me ama y quiere lo
mejor para mi.
-
Saber hacer de vez en cuando, borrón y
cuenta nueva. Esto supone un ejercicio de aprender a perdonar al otro. No
guardarse las “ofensas”, defectos, insensibilidades, limitaciones o faltas
de delicadeza del otro, eternamente en el corazón.
SEGUNDA FECUNDIDAD
Es la paternidad y la maternidad. Los hijos
constituyen el primero de los frutos naturales de una pareja madura. Y,
cuando se afirma que no se está preparado para tener hijos (como lo afirman
muchos), posiblemente es porque tampoco se está preparado para la
responsabilidad que supone la vida en pareja.
Asumir la paternidad y la maternidad supone
uno de los más claros ejercicios de libertad compartida. Y esto es así
porque la paternidad y la maternidad van más allá del hecho biológico:
significa asumir la responsabilidad de apoyar, impulsar y posibilitar a lo
largo del tiempo la vida de unas personas (los hijos) hasta su total
autonomía.
Es la primera contribución a la tarea de
personalización.
La tarea de educar a los hijos es la
contribución más grande de nuestra vocación para construir un mundo mejor.
Nuestros hijos son nuestra obra maestra.
El nacimiento del primer hijo es un momento
crítico. La pareja se descentra para entregarse a un ser necesitado de todo.
Esto exige madurez para que cada ocupe el lugar correspondiente. Pues los
amores desordenados producen desordenes psicológicos y afectivos.
(dos esquemas)
TERCERA FECUNDIDAD
Es la fecundidad que surge de la apertura a
otras familias y de compromisos compartidos en el ámbito social, político,
religioso o cultural.
Esto marca la diferencia entre la
familia-cerrada en su propia carne, en sus intereses particulares y la
familia-abierta.
“Si sólo amáis a los de vuestra carne y
sangre ¿qué mérito tenéis?. Esto también lo hacen los paganos”.
El cristiano sale de su propio interés y se
hace fecundo más allá de la carne. Se hace espiritual, se abre a otros a los
que llama hermanos.
Entonces se produce una fecundidad de un
nivel superior. Y esto, cuando está dentro de la sensatez y el
discernimiento que no abandona los deberes de estado produce un
enriquecimiento para toda la familia.
De este modo, la pareja y la familia no
acaban en los límites genéticos, sino que se amplía en una fraternidad cada
vez más amplia.

CRÓNICA DEL ENCUENTRO
¡Por fin de vuelta a Galicia!, Esta vez íbamos todos desde Murguia, el mal
tiempo y la nieve anunciada nos hacía dudar un poco pero podía más nuestro
deseo de reencontrarnos con los hermanos y recibir la Palabra, así que nos
pusimos en marcha confiando en que la Providencia Divina nos cuidara en
nuestro viaje, y como por arte de magia durante todo el camino tanto de ida
como de vuelta fuimos dejando a un lado las quitanieves y se nos iba
abriendo el cielo soleado.
”¡es el Espiritu Santo, milagro!”- decía Diego.
Al
llegar los hermanos nos acogieron con todo su calor, compartimos sus
hogares, sus oraciones y su mesa (que por cierto ¡que bien se come!).
El
encuentro se celebró en una salita-capilla que las Hijas de la Caridad nos
dejaron, el Padre Daniel Lorenzo nos exortó con sus enseñanzas, hubo un
momento muy especial de adoración al Santísimo, Daniel nos puso en la
situación de que esa fuera la única vez que pudíeramos estar en presencia
del Santísimo durante un largo período de tiempo, qué le diríamos, cómo le
guardaríamos… Estamos acostumbrados a que el Señor esté a nuestra
disposición en cualquier momento y quizá por esa comodidad no nos acercamos
a su presencia, fue un momento muy íntimo de encuentro con Jesús
sacramentado en el que los niños nos acompañaron y compartieron la
adoración.
La
Eucaristía la celebramos en la iglesia parroquial, primero tuvimos un
Rosario donde Silvia y Sofia (su hija) nos escenificaron la vida de María
desde jovencita a través de los Misterios del Santo Rosario, parciciparon
niños, abuelas y familias del pueblo en el rezo de las Avemarias.
Damos las gracias a Paco que nos buscó un sitio estupendo para comer y se
preocupó de que todos estuvieramos a gusto.
Después de comer nos fuimos a la playa a hacernos fotos y compartir un
ratito, también pasamos una tarde muy agradable jugando en equipos sobre el
conocimiento de los Sacramentos, fue muy divertido e interesante,
participamos niños y adultos (abuelas incluidas).
El
domingo regresamos a casa cargados de abrazos y besos, palabras de ánimo y
con el Señor, como siempre, muy cerca de nosotros en todo momento y lugar.
PD. Por cierto, tenemos que compartir una nueva experiencia que los vascos
hemos puesto en práctica en los viajes y es muy interesante, lo llamamos “el
walkie-prayer” o rezo interactivo, cada coche lleva un walkie y vamos
haciendo los laudes o el rosario según cuadre, unos rezan la primera parte
del Avemaria y los del otro coche les responden, cantamos, etc, os animamos
a practicarla. También os ayuda a estar en contacto y no despistarse, aunque
alguno a la vuelta, a pesar de todo, acabase en Palencia.
Para todas las familias que participaron y las que nos acompañaron en
Espíritu un fuerte abrazo en el Señor.
Que Dios bendiga vuestra casa y vuestra familia.
Mati (Murguía)

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