Encuentro de Familias Invencibles
en BUEU (Pontevedra)

Colegio de las Hijas de la Caridad  -  8 al 10 de diciembre de 2.006

 ROSARIO de las Familias. en DOC en PDF CRÓNICA de Mati


FAMILIA :  COMUNIDAD DE PERSONAS
 

    Nosotros nos identificamos como familias cristianas. Lo tenemos claro. La familia cristiana es COMUNIDAD DE VIDA Y AMOR.

    La FAMILIA, como comunidad de personas, tiene tres características esenciales:

  1. Un conjunto de personas que viven la unidad porque comparten un proyecto de vida, un mismo sentido en la vida, una misma dirección.
  2. Están en camino hacia la plenitud (personal y comunitaria) de una manera firme y coherente.
  3. Los miembros de la familia viven abiertos unos a otros y como familia está abierta a otras familias o grupos de familias. Compartiendo su vida, su proyecto. Hay una actitud de apertura.

       No todo lo que hoy se entiende por “familia” tiene estas características. Podríamos decir que no todas las familias son defendibles. No es “la familia” lo que merece ser defendida, sino una familia que reúna estas características.

       De hecho, ciertos tipos de familia pueden destruir a la persona  (con su estrechez, su avaricia, su individualismo...) tanto o más que la propia desestructuración de la familia.

¿Cuáles serían esos tipos de no-familia?

  • La familia-masa o familia nominal.

           Se convive más o menos sin conflictos, porque se rehuye toda propuesta y toda exigencia. Existen unos individuos que unen sus individualismos, pero no hay comunidad. Unos son parásitos de los otros. Lo que se hace o deja de hacer viene marcado por la moda, la comodidad, la improvisación, el hedonismo... Los padres disculpan y justifican a sus hijos en sus compartamientos y dicen: “son jóvenes tienen que divertirse” o “no hacen mal a nadie”. Sufren pacientemente las exigencias de sus hijos y se dejan llevar por sus caprichos. Hay en esta familia individuos pero no personas. Se van haciendo poco a poco unos desconocidos que conviven y luchan por tener cubiertas sus necesidades.

          Esta familia no es una comunidad enriquecedora ni para los hijos ni para los padres, porque no hay propuesta de ningún horizonte que oriente su acción.

  • La familia – asociación de iguales

            Grupos familiares unidos por unas mismas costumbres, unos mismos entusiasmos, una causa común. Pero esta causa común es fundamentalmente económica. La colaboración es en función del confort, del dinero. La familia se convierte en una pequeña unidad de consumo. No hay conciencia de una paternidad y maternidad. A este grupo pertenecen los divorciados y vueltos a emparejar. Aportan sus hijos. Tienen que buscar soluciones para convivir.

No hay autoridad moral de ningún tipo. Vale lo que funciona. Domina  la camaradería.

  • Familia – clan

Se busca la ausencia de conflictos y la ley del vive y deja vivir. Los     padres organizan la casa, traen el dinero. Los hijos estudian, se divierten y se procura vivir lo más feliz posible. Hay móviles para todos, televisión en cada habitación. Se rehuye el compromiso de cualquier tipo. Nos queremos, estamos bien. La familia forma un clan que se encierra en sí misma y se sienten a gusto así, sin nada más.

Este tipo de aburguesamiento ahoga a las personas porque no las deja crecer, sino que las encierra en pseudovalores: la tranquilidad, la falta de compromiso, el no complicarse la vida...

>>> 2 esquemas

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    Y ahora, vamos a volver a nuestro modelo de familia con esas tres caracteristicas que señalábamos al principio:

  1. Comunidad de personas.

    Cada uno es  dentro de este grupo de personas, una persona insustituible, única. El vínculo que nos une es el AMOR. Es este amor el que nos mueve a cuidar de cada persona para que llegue a ser aquello que está llamada a ser, no rebajar su dignidad y ayudar a la persona, al niño – mucho más-, pero también al esposo y esposa a ser cada vez mejor. “Es necesaria una vigilancia heroica para no hacer de los hábitos de la familia un peso que ahogue las distintas vocaciones de sus miembros”(“La familia y sus retos” Xose Manuel Domínguez Prieto –coleccón Sinergia-)

 

  1. Comunidad de vida plenificadora.

     En la familia toman cuerpo los valores. Se hacen vida. Y estos valores compartidos día a día van dando lugar a una experiencia que nos marca para toda la vida. De esa experiencia nace el estilo de vida, el sentido de la vida y lo que más tarde dará lugar a nuestra vocación. Esta familia está al servicio de las personas que la integran. Y ayuda a cada uno de sus miembros a alcanzar la plenitud.

     Las relaciones entre sus miembros son de amor, fidelidad, servicio,     generosidad, entrega de unos a otros, van marcando una dirección.

     Las relaciones entre los miembros de las familias “no defendibles” eran de interés, comodidad, poder, privilegios, competitividad, rivalidad..

     Fijaos que la familia forma un entramado de relaciones y todas ellas orientadas a hacernos mejores personas, a hacernos crecer.

 

Ø      la pareja entre sí.

Ø      los hermanos entre sí.

Ø      los padres a los hijos.

Ø      los hijos a los padres.

 

       Esta familia es el lugar privilegiado de educación afectiva, educación de la voluntad, capacidad crítica.... estos valores están hoy extraordinariamente descuidados en nuestra cultura y son esenciales para el desarrollo integral de la persona.

 

  1. Comunidad abierta y fecunda

 

     La familia es una estructura que se basa en la donación mutua de unas personas a otras y en la acogida. Es una comunidad que da y acoge. Pero esta donación mutua no se acaba en sí misma.

    No es familia fecunda la que sólo se mira a sí misma.

Es muy enriquecedor para los hijos ver a los padres trabajando no sólo para darles a ellos lo mejor (valor de corto alcance), sino para construir un mundo mejor para todos (valor espiritual de largo alcance).

La familia aburguesada es capaz de grandes sacrificios pero envía continuamente a sus hijos un mensaje egoista que no construye a la persona y no los prepara para la generosidad. Sin generosidad no hay felicidad. El mensaje que envían estos padres a sus hijos es: “Tú a lo tuyo”, “Tú mira por tu interés que nadie te va a ayudar a ti”...

 

Llamados a ser fecundos.

 

Esta palabra tantas veces utilizada por Dios para hablarnos.

Desde el Génesis dijo Dios: “Sed fecundos”. “Ahí tenéis la tierra, multiplicaos, creced, dad fruto, sed creativos”.

 

El lugar donde está Dios se compara en la Biblia con una tierra frondosa, con una viña que produce frutos. El lugar donde no está Dios  con un lugar desértico y sin agua.

 

En el A.T.  se nos dice: “Alégrate, la estéril, darás a luz, darás fruto y se alegrará tu corazón”.

 

De manera especial, por Jesús en sus últimas palabras a los Apóstoles:

“Os he llamado para que vayáis y déis fruto y un fruto que permanezca”

 

          PRIMERA FECUNDIDAD

 

La fecundidad mutua, es decir, mutuo enriquecimiento.

Toda vida verdadera es encuentro.

Esta palabra  tiene su significado más pleno en el matrimonio. Un hombre y una mujer que adquieren el compromiso de amarse para siempre. Es decir hacer de su vida un encuentro.

Un encuentro vital formado por encuentros cotidianos, por hábitos y rutinas, por un compartir de momentos muy especiales, difíciles, decisivos o significativos en la vida, por el encuentro de nuestros cuerpos como manifestación del amor, de la entrega total.

 

En este sentido podemos decir que una crisis es un desencuentro que se ha ido prolongando en el tiempo, y durante ese tiempo, como un tumor,  se ha ido extendiendo a diferentes facetas de nuestra relación.

El final de la crisis es el final del desencuentro o la aceptación serena de nuestras distintas opiniones o posicionamientos de manera que podemos seguir encontrándonos. Podemos seguir caminando en lo imperfecto, mientras llega lo perfecto.

 

 

En el encuentro cada una de las personas quiere que la otra llegue a ser quien está llamada a ser, ofreciéndole su riqueza personal, sus cualidades, su tiempo, su ser. Cada una apoya, posibilita e impulsa al otro para crecer como persona.

Por el encuentro un “yo” y un “tú” se convierten en un “nosotros”.

Hemos visto antes las no-familias, es decir, grupos de personas que crean relaciones de utilización-mutua, de egoismos, o intereses.

Superando estas relaciones ,que a veces hemos experimentado en nuestra relación de pareja, son parte de nuestra naturaleza caída, buscamos una relación que nos construya como personas.

La base de esta relación es la acogida y la donación al otro.

Esta comunidad de personas que es la pareja crea una realidad nueva. Y la unión hombre-mujer es así superior al mero individuo.

Este encuentro verdadero entre un hombre y una mujer da lugar a un proyecto de pareja:

 

Ø      conjunto de ideales, valores, intenciones, virtudes y criterios de comportamiento que son compartidos y que los dos miembros quieren llevar a cabo como pareja. Esto va creando una dirección en la vida, un estilo de vida propio.

 

De esta primera fecundidad mutua nacen las otras dos fecundidades.

Vamos a señalar algunas cosas prácticas y concretas de nuestra relación que nos pueden ayudar:

  1. Aprender a dialogar y dialogar mucho. Cuidar la calidad de nuestros encuentros y más en tiempo de crisis. Hacer partícipe al otro de lo que soy, de lo que deseo, lo que me pasa...
  2. Dedicarse tiempo.
  3. Ser realistas, con los pies bien puestos en la tierra. Confiados en nuestro amor que nos hace torre fuerte y quitando importancia a pequeñeces. Es decir, dando importancia a lo esencial y relativizando lo accesorio. “En realidad, nunca pasa nada. Y si pasa ¿qué importa? Y si importa ¿qué pasa?”
  4. Evitar el silencio. El silencio es destructivo
  5. En el diálogo adoptar una actitud constructiva, evitando ironías, sin juzgar al otro, con el deseo de llegar a una solución. Dedicar un tiempo semanal al diálogo.
  6. Ser sincero con el otro. Aprender primero a ser sincero con uno mismo.
  7. Echarle mucho humor. El humor es la cualidad de ponerse a distancia de los problemas, quitándoles “hierro”.
  8. Reunirse con otras parejas para, entre todos, estimularnos y ayudarnos a crecer juntos.
  9. Pensar que el otro/a me ama y quiere lo mejor para mi.
  10. Saber hacer de vez en cuando, borrón y cuenta nueva. Esto supone un ejercicio de aprender a perdonar al otro. No guardarse las “ofensas”, defectos, insensibilidades, limitaciones o faltas de delicadeza del otro, eternamente en el corazón.

  

           SEGUNDA FECUNDIDAD

Es la paternidad y la maternidad. Los hijos constituyen el primero de los frutos naturales de una pareja madura. Y, cuando se afirma que no se está preparado para tener hijos (como lo afirman muchos), posiblemente es porque tampoco se está preparado para la responsabilidad que supone la vida en pareja.

Asumir la paternidad y la maternidad supone uno de los más claros ejercicios de libertad compartida. Y esto es así porque la paternidad y la maternidad van más allá del hecho biológico: significa asumir la responsabilidad de apoyar, impulsar y posibilitar a lo largo del tiempo la vida de unas personas (los hijos) hasta su total autonomía.

Es la primera contribución a la tarea de personalización.

La tarea de educar a los hijos es la contribución más grande de nuestra vocación para construir un mundo mejor.

Nuestros hijos son nuestra obra maestra.

El nacimiento del primer hijo es un momento crítico. La pareja se descentra para entregarse a un ser necesitado de todo. Esto exige madurez para que cada ocupe el lugar correspondiente. Pues los amores desordenados producen desordenes psicológicos y afectivos.

(dos esquemas)

 

 

TERCERA FECUNDIDAD

Es la fecundidad que surge de la apertura a otras familias y de compromisos compartidos en el ámbito social, político, religioso o cultural.

Esto marca la diferencia entre la familia-cerrada en su propia carne, en sus intereses particulares y la familia-abierta.

“Si sólo amáis a los de vuestra carne y sangre ¿qué mérito tenéis?. Esto también lo hacen los paganos”.

El cristiano sale de su propio interés y se hace fecundo más allá de la carne. Se hace espiritual, se abre a otros a los que llama hermanos.

Entonces se produce una fecundidad de un nivel superior. Y esto, cuando está dentro de la sensatez y el discernimiento que no abandona los deberes de estado produce un enriquecimiento para toda la familia.

De este modo, la pareja y la familia no acaban en los límites genéticos, sino que se amplía en una fraternidad cada vez más amplia.

 

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CRÓNICA DEL ENCUENTRO
 

¡Por fin de vuelta a Galicia!, Esta vez íbamos todos desde Murguia, el mal tiempo y la nieve anunciada nos hacía dudar un poco pero podía más nuestro deseo de reencontrarnos con los hermanos y recibir la Palabra, así que nos pusimos en marcha confiando en que la Providencia Divina nos cuidara en nuestro viaje, y como por arte de magia durante todo el camino tanto de ida como de vuelta fuimos dejando a un lado las quitanieves y se nos iba abriendo el cielo soleado.

”¡es el Espiritu Santo, milagro!”- decía Diego.

Al llegar los hermanos nos acogieron con todo su calor, compartimos sus hogares, sus oraciones y su mesa (que por cierto ¡que bien se come!).

El encuentro se celebró en una salita-capilla que las Hijas de la Caridad nos dejaron, el Padre Daniel Lorenzo nos exortó con sus enseñanzas, hubo un momento muy especial de adoración al Santísimo, Daniel nos puso en la situación de que esa fuera la única vez que pudíeramos estar en presencia del Santísimo durante un largo período de tiempo, qué le diríamos, cómo le guardaríamos… Estamos acostumbrados a que el Señor esté a nuestra disposición en cualquier momento y quizá por esa comodidad no nos acercamos a su presencia, fue un momento muy íntimo de encuentro con Jesús sacramentado en el que los niños nos acompañaron y compartieron la adoración.

La Eucaristía la celebramos en la iglesia parroquial, primero tuvimos un Rosario donde Silvia y Sofia (su hija) nos escenificaron la vida de María desde jovencita a través de los Misterios del Santo Rosario, parciciparon niños, abuelas y familias del pueblo en el rezo de las Avemarias.

Damos las gracias a Paco que nos buscó un sitio estupendo para comer y se preocupó de que todos estuvieramos a gusto.

Después de comer nos fuimos a la playa a hacernos fotos y compartir un ratito, también pasamos una tarde muy agradable jugando en equipos sobre el conocimiento de los Sacramentos, fue muy divertido e interesante, participamos niños y adultos (abuelas incluidas).

El domingo regresamos a casa cargados de abrazos y besos, palabras de ánimo y con el Señor, como siempre, muy cerca de nosotros en todo momento y lugar.

PD. Por cierto, tenemos que compartir una nueva experiencia que los vascos hemos puesto en práctica en los viajes y es muy interesante, lo llamamos “el walkie-prayer” o rezo interactivo, cada coche lleva un walkie y vamos haciendo los laudes o el rosario según cuadre, unos rezan la primera parte del Avemaria y los del otro coche les responden, cantamos, etc, os animamos a practicarla. También os ayuda a estar en contacto y no despistarse, aunque alguno a la vuelta, a pesar de todo, acabase en Palencia.

Para todas las familias que participaron y las que nos acompañaron en Espíritu un fuerte abrazo en el Señor.

Que Dios bendiga vuestra casa y vuestra familia.

Mati (Murguía)

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