VI  ENCUENTRO  de  FAMILIAS INVENCIBLES

 FAMILIA  CRISTIANA
CAMINO
 
de  ESPERANZA

     
c a m i n o   que tiene   m e t a
  
Seminario de los Padres Paules,  Murguía (Álava)  +  al 12 de Agosto de 2.006

La Palabra del  SEÑOR  en Murguía'06  

Crónica del VI Encuentro de Familias Invencibles.   
FOTOS   y  Video
(ojo, pesa 199 Mb, pero dura 19 minutos y buena calidad)

 

"Familia, ¡se lo que eres!"


"Es necesario penetrar más a fondo en la singular riqueza de la misión de la familia
y sondear sus múltiples y unitarios cometidos"

Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica "Familiaris Consortio"

Nuestro matrimonio está llamado a ser una comunidad de vida y amor. Una comunidad de inagotables riquezas que podríamos contemplar bajo cuatro dimensiones. 

~ Dimensión unitiva, comunidad formada por marido y mujer.

~ Dimensión creativa o de servicio a la vida, a los hijos.

~ Dimensión participativa, comunidad integrada en la sociedad e implicada en su desarrollo.

~ Dimensión misionera, participando de la vida y misión de la Iglesia.

DIMENSIÓN UNITIVA

Hagámonos  algunas  preguntas  en   relación  a   la madurez personal de los miembros de la pareja matrimonial:

~  ¿Tengo que dejar de ser yo para bien del otro?
~  ¿Hasta dónde debo renunciar en mis apetencias y necesidades para que haya paz y armonía en la pareja?
~ ¿Debo descuidar mis cualidades y aficiones para atender los deseos del otro?

Todas estas cuestiones tienen relación con un problema de competencias entre el ejercicio de mí libertad personal y la dependencia del otro. La pareja, al ir madurando, va conjugando ambas cosas de tal modo que ninguno de los cónyuges sea anulado por las necesidades, exigencias o expectativas del otro.

Caminamos con un yugo, unidos los dos; pero los dos somos diferentes y no se nos pide que seamos iguales.

Establezcamos algunos principios básicos:

~  Cada individuo se desarrolla de dentro a fuera; pero no es autosuficiente, no puede desarrollarse a partir de sí mismo, sino a partir de estímulos exteriores a él.
~ La pareja es una realidad en sí misma, no es simplemente la suma de dos individuos. Dentro de ella se establece una dinámica especial y única, una singularidad €n la que intervienen los dos.
~ De la correcta interacción y comunicación de los dos miembros de la pareja, surge la maduración y el crecimiento que está en relación con el desarrollo de cada uno de los componentes.
~ Si entendemos la libertad y la dependencia en su justa medida, entonces pueden conjugarse. No es fácil, y los casados sabemos que hay que hacer una tarea de renuncia, lo que no equivale a anularse a sí mismo/a.
~ La renuncia en el matrimonio debe ser para un mayor enriquecimiento de la persona y de la pareja. Recordemos que la renuncia es voluntaria; porque quiero al otro, lo conozco, lo amo y deseo hacerle feliz.
~ No hay maduración posible de uno sin la del otro. Los dos esposos construyen la unidad en la diversidad, como una melodía, acompañándose pero sin estorbarse.

 

Tres canales para ayudarse mutuamente:

- Comunión de ideas e intereses.
- Atención a las necesidades profundas de cada uno.
- Comunicación y comprensión mutuas.    


DIMENSIÓN CREATIVA  

"Los hijos son el fruto más preciado del matrimonio y constituyen su propia coronación?"
(Vaticano II en la Constitución Gaudium et Spes)

Las familias cristianas, apoyadas en los valores evangélicos, superan las angustias y miedos que el hombre y la mujer sin Fe tienen ante la llegada de los hijos. Sabemos que la vida es de Dios y que Dios está por la vida. Confiados en Aquél que es el Amigo de la Vida, vivimos con generosidad y responsabilidad nuestra participación en la creación de un nuevo ser.

El amor está orientado a dar la vida, a difundir vida a su alrededor: vida en los hijos que Dios nos regala, vida en los amigos, vecinos, parientes, conocidos... Así, la familia cristiana es un lugar de acogida a todos los que nos rodean y necesitan ser escuchados y comprendidos en sus contradicciones o expectativas, en sus insatisfacciones y angustias.

DIMENSIÓN SOCIAL

El matrimonio desarrolla su vida en una sociedad concreta. La pareja se elige; la sociedad nos viene dada, como los padres o la estatura. Hemos nacido y crecido en esta sociedad, con sus ventajas e inconvenientes. No podemos ni debemos aislarnos de ella. Como cristianos, debemos hacer algo más: comprometernos en transformarla. Cuando Jesús nos dice "vosotros sois lo luz del mundo, vosotros sois la sol de la tierra", se está refiriendo a este campo de evangelización y transformación que es la sociedad. "Dios nos ha manifestado el amor que nos tiene enviando al mundo a su Hijo único...". (I Jn 4, 9)

"Todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Ésta es la fuerza victoriosa que ha vencido al mundo: nuestro Fe". (I Jn 5, 4)

Nuestra sociedad es plural / en cambio acelerado / masificada / consumista / hedonista / desigual / tecnificada / competitiva / materialista / permisiva / individualista... Tiende a que el matrimonio se pliegue a ella, se instale y acepte sus valores.

Por su parte, el matrimonio cristiano debe humanizar la sociedad. Poner, cada uno de nosotros, allí donde estamos, en nuestra realidad cotidiana, una pequeña porción de levadura para transformar el mundo. Poner nuestra ilusión, nuestro inconformismo, nuestros valores y nuestro esfuerzo donde nos sea posible: comunidad escolar, comunidad de vecinos, barrio, comunidad laboral, comunidad eclesial.

El aislamiento, aunque es lo más cómodo, no es bueno porque trae consigo la falta de participación y de integración. El matrimonio sólo puede transformar la sociedad si se integra en ella.

Algunos ejemplos:  

~ En la comunidad educativa:  presentarse a los Consejos   Escolares,   colaborar  cuando   los   profesores piden ayuda o  mayor implicación,  conocer a  algunos padres de los compañeros de nuestros hijos...

~ En la comunidad laboral: siendo buenos profesionales, sintiendo necesidad de mejorar y de reciclarnos, teniendo una relación educada y afable con todos, interesándonos por nuestros compañeros en la medida que expresen sus preocupaciones y problemas, siendo honrados y honestos, actuando con integridad en cuanto a nuestras obligaciones laborales.

~ En la sociedad civil: pagando impuestos y siendo cuidadosos en nuestras responsabilidades civiles; cumpliendo con el deber de votar.


DIMENSION MISIONERA

Toda la Iglesia, desde el Papa hasta el último laico, es misionera. Todos y cada uno hemos recibido el gran mandamiento: "Id por todo el mundo y anunciad Evangelio". Pero laicos y consagrados hemos elegido una vocación diferente: los laicos, ser discípulos en el mundo, honrar a Dios en el uso de las cosas temporales; los consagrados, ser discípulos "segregados" del mundo, honrar Dios en la renuncia de las cosas temporales.

Muchas   veces,   los   laicos   estamos   copiando modelo  de  evangelizar  de   los  consagrados,   comprometiéndonos en la Parroquia o en el movimiento al que pertenecemos al estilo de los que lo han dejado todo para servir al Señor.

La familia es "Iglesia doméstica"; evangeliza más por lo que es que por lo que hace. Nuestra misión está primero, en afianzar nuestra vocación, en respuesta a la exhortación de Juan Pablo II: "Familia, ¡sé lo que eres!". Evangelizamos y anunciamos el Reino de Dios con nuestra presencia en el mundo si imitamos a la Familia Nazaret. Somos, de este modo, un icono de Dios; cuando los signos religiosos, las imágenes, la liturgia... ya no hablan al mundo, la familia cristiana habla con su amor, su vida, su alegría, su paz, su fortaleza en el sufrimiento. Nuestra vida habla mucho más fuerte que nuestras palabras.

Los padres son, en primer lugar, responsables de educar a sus hijos en la Fe. En este sentido, es de capital importancia la oración en familia.

Además, la familia debe integrarse en la Iglesia local, la Parroquia, poniéndose al servicio en la medida de su tiempo, sus cualidades, su llamada peculiar a la evangelización. Es importante para la familia estar enraizada en la vida parroquial.

Puede, además, que estemos llamados a vivir nuestra Fe en alguno de los nuevos movimientos o comunidades laicales. Es el momento de los laicos, y los grupos y proyectos son cada vez más numerosos y diversificados.

Nuestro servicio a la Iglesia estará también en función de las circunstancias que la vida nos vaya presentando: trabajo, tiempo, hijos pequeños, etc.

Los contemporáneos de Jesús se planteaban muchos interrogantes ante su presencia, su actitud, su discursos: ¿de dónde le viene esta autoridad, este poder, esta manera de hablar? La familia cristiana debe interrogar al mundo con su estilo de vida, su felicidad y su equilibrio interior.

 

(Extraído del libro: Familia, ¡sé lo que eres!, de CANÁ colección)