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"Es necesario
penetrar más a fondo en la singular riqueza de la misión de la
familia
y sondear sus múltiples y unitarios cometidos"
Juan Pablo II en
su Exhortación Apostólica "Familiaris Consortio"
Nuestro
matrimonio está llamado a ser una comunidad de vida y amor. Una
comunidad de inagotables riquezas que podríamos contemplar bajo
cuatro dimensiones.
~ Dimensión
unitiva, comunidad formada por marido y mujer.
~ Dimensión
creativa o de servicio a la vida, a los hijos.
~ Dimensión
participativa, comunidad integrada en la sociedad e implicada
en su desarrollo.
~ Dimensión
misionera, participando de la vida y misión de la Iglesia.
DIMENSIÓN UNITIVA
Hagámonos
algunas preguntas en relación a la madurez personal de los
miembros de la pareja matrimonial:
~ ¿Tengo
que dejar de ser yo para bien del otro?
~ ¿Hasta dónde debo renunciar en mis apetencias y
necesidades para que haya paz y armonía en la pareja?
~ ¿Debo descuidar mis cualidades y aficiones para atender los
deseos del otro?
Todas estas
cuestiones tienen relación con un problema de competencias entre
el ejercicio de mí libertad personal y la dependencia del otro. La
pareja, al ir madurando, va conjugando ambas cosas de tal modo que
ninguno de los cónyuges sea anulado por las necesidades,
exigencias o expectativas del otro.
Caminamos con un
yugo, unidos los dos; pero los dos somos diferentes y no se nos
pide que seamos iguales.
Establezcamos
algunos principios básicos:
~ Cada
individuo se desarrolla de dentro a fuera; pero no es
autosuficiente, no puede desarrollarse a partir de sí mismo, sino
a partir de estímulos exteriores a él.
~ La pareja es una realidad en sí misma, no es simplemente la suma
de dos individuos. Dentro de ella se establece una dinámica
especial y única, una singularidad €n la que intervienen los dos.
~ De la correcta interacción y comunicación de los dos miembros de
la pareja, surge la maduración y el crecimiento que está en
relación con el desarrollo de cada uno de los componentes.
~ Si entendemos la libertad y la dependencia en su justa medida,
entonces pueden conjugarse. No es fácil, y los casados sabemos que
hay que hacer una tarea de renuncia, lo que no equivale a anularse
a sí mismo/a.
~ La renuncia en el matrimonio debe ser para un mayor
enriquecimiento de la persona y de la pareja. Recordemos que la
renuncia es voluntaria; porque quiero al otro, lo conozco, lo amo
y deseo hacerle feliz.
~ No hay maduración posible de uno sin la del otro. Los dos
esposos construyen la unidad en la diversidad, como una melodía,
acompañándose pero sin estorbarse.
Tres canales para
ayudarse mutuamente:
- Comunión de
ideas e intereses.
- Atención a las necesidades profundas de cada uno.
- Comunicación y comprensión mutuas.
DIMENSIÓN CREATIVA
"Los hijos son el
fruto más preciado del matrimonio y constituyen su propia
coronación?"
(Vaticano
II en la Constitución Gaudium et Spes)
Las familias
cristianas, apoyadas en los valores evangélicos, superan las
angustias y miedos que el hombre y la mujer sin Fe tienen ante la
llegada de los hijos. Sabemos que la vida es de Dios y que Dios
está por la vida. Confiados en Aquél que es el Amigo de la Vida,
vivimos con generosidad y responsabilidad nuestra participación en
la creación de un nuevo ser.
El amor está
orientado a dar la vida, a difundir vida a su alrededor: vida en
los hijos que Dios nos regala, vida en los amigos, vecinos,
parientes, conocidos... Así, la familia cristiana es un lugar de
acogida a todos los que nos rodean y necesitan ser escuchados y
comprendidos en sus contradicciones o expectativas, en sus
insatisfacciones y angustias.
DIMENSIÓN SOCIAL
El matrimonio
desarrolla su vida en una sociedad concreta. La pareja se elige;
la sociedad nos viene dada, como los padres o la estatura. Hemos
nacido y crecido en esta sociedad, con sus ventajas e
inconvenientes. No podemos ni debemos aislarnos de ella. Como
cristianos, debemos hacer algo más: comprometernos en
transformarla. Cuando Jesús nos dice "vosotros sois lo luz del
mundo, vosotros sois la sol de la tierra", se está refiriendo
a este campo de evangelización y transformación que es la
sociedad. "Dios nos ha manifestado el amor que nos tiene
enviando al mundo a su Hijo único...".
(I Jn 4, 9)
"Todo el que ha
nacido de Dios vence al mundo. Ésta es la fuerza victoriosa que ha
vencido al mundo: nuestro Fe".
(I Jn 5, 4)
Nuestra sociedad
es plural / en cambio acelerado / masificada / consumista /
hedonista / desigual / tecnificada / competitiva / materialista /
permisiva / individualista... Tiende a que el matrimonio se
pliegue a ella, se instale y acepte sus valores.
Por su parte, el
matrimonio cristiano debe humanizar la sociedad. Poner, cada uno
de nosotros, allí donde estamos, en nuestra realidad cotidiana,
una pequeña porción de levadura para transformar el mundo. Poner
nuestra ilusión, nuestro inconformismo, nuestros valores y nuestro
esfuerzo donde nos sea posible: comunidad escolar, comunidad de
vecinos, barrio, comunidad laboral, comunidad eclesial.
El aislamiento,
aunque es lo más cómodo, no es bueno porque trae consigo la falta
de participación y de integración. El matrimonio sólo puede
transformar la sociedad si se integra en ella.
Algunos
ejemplos:
~ En la comunidad
educativa: presentarse a los Consejos Escolares,
colaborar cuando los profesores
piden ayuda o mayor implicación, conocer a
algunos padres de los compañeros de nuestros hijos...
~ En la comunidad
laboral: siendo buenos profesionales, sintiendo necesidad de
mejorar y de reciclarnos, teniendo una relación educada y afable
con todos, interesándonos por nuestros compañeros en la medida que
expresen sus preocupaciones y problemas, siendo honrados y
honestos, actuando con integridad en cuanto a nuestras
obligaciones laborales.
~ En la sociedad
civil: pagando impuestos y siendo cuidadosos en nuestras
responsabilidades civiles; cumpliendo con el deber de votar.
DIMENSION
MISIONERA
Toda la Iglesia,
desde el Papa hasta el último laico, es misionera. Todos y cada
uno hemos recibido el gran mandamiento: "Id por todo el mundo y
anunciad Evangelio". Pero laicos y consagrados hemos elegido
una vocación diferente: los laicos, ser discípulos en el mundo,
honrar a Dios en el uso de las cosas temporales; los consagrados,
ser discípulos "segregados" del mundo, honrar Dios en la renuncia
de las cosas temporales.
Muchas
veces, los laicos estamos
copiando modelo de evangelizar de
los consagrados, comprometiéndonos en la
Parroquia o en el movimiento al que pertenecemos al estilo de los
que lo han dejado todo para servir al Señor.
La familia es
"Iglesia doméstica"; evangeliza más por lo que es que por lo que
hace. Nuestra misión está primero, en afianzar nuestra vocación,
en respuesta a la exhortación de Juan Pablo II: "Familia, ¡sé
lo que eres!". Evangelizamos y anunciamos el Reino de Dios con
nuestra presencia en el mundo si imitamos a la Familia Nazaret.
Somos, de este modo, un icono de Dios; cuando los signos
religiosos, las imágenes, la liturgia... ya no hablan al mundo, la
familia cristiana habla con su amor, su vida, su alegría, su paz,
su fortaleza en el sufrimiento. Nuestra vida habla mucho más
fuerte que nuestras palabras.
Los padres son,
en primer lugar, responsables de educar a sus hijos en la Fe. En
este sentido, es de capital importancia la oración en familia.
Además, la
familia debe integrarse en la Iglesia local, la Parroquia,
poniéndose al servicio en la medida de su tiempo, sus cualidades,
su llamada peculiar a la evangelización. Es importante para la
familia estar enraizada en la vida parroquial.
Puede, además,
que estemos llamados a vivir nuestra Fe en alguno de los nuevos
movimientos o comunidades laicales. Es el momento de los laicos, y
los grupos y proyectos son cada vez más numerosos y
diversificados.
Nuestro servicio
a la Iglesia estará también en función de las circunstancias que
la vida nos vaya presentando: trabajo, tiempo, hijos pequeños,
etc.
Los
contemporáneos de Jesús se planteaban muchos interrogantes ante su
presencia, su actitud, su discursos: ¿de dónde le viene esta
autoridad, este poder, esta manera de hablar? La familia cristiana
debe interrogar al mundo con su estilo de vida, su felicidad y su
equilibrio interior.
(Extraído del libro:
Familia, ¡sé lo que eres!, de CANÁ colección)
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