



Caminando hacia la Luz










































Somos el buen olor de Cristo (2Cor 2, 15).
Pablo contempla la acción evangelizadora como un difundir por el mundo entero el
buen olor del conocimiento de Aquél cuyo nombre es ungüento derramado. En el
fondo de esta imagen late la convicción del inmenso atractivo de Cristo y de su
amor, que excede todo conocimiento (Col 3, 19). Pero el Apóstol era consciente
de que el Evangelio no podía ser testimoniado eficazmente de manera individual.
Sólo una comunidad transfigurada por Cristo se constituía en signo creíble del
Evangelio.
Jesús había
proclamado: Vosotros sois la luz del mundo (Mt 5, 14-16). Vosotros quiere decir
la comunidad cristiana, la Iglesia). Pablo nos exhorta a sus discípulos a vivir
como hijos de la luz (Ef 5, 8; 1 Tes 5, 4); los que antes eran tinieblas ahora
son luz en el Señor. En Fil 2, 14-16 se presenta esta vida nueva, este vivir
como hijos de la luz, en conexión directa con la evangelización. En medio de una
generación tortuosa y perversa, Pablo exhorta a los Filipenses a ser
irreprochables e inocentes, hijos de Dios sin tacha; de ese modo brillarán como
antorchas en el mundo (Fil 2, 15) y presentarán a ese mundo corrompido la
Palabra de vida. Con su vida santa la comunidad cristiana presenta eficazmente
la Palabra creadora de vida.
Pablo insiste en la
caridad como resumen de la ley (Rom 13, 8-10), pues sabe que es el amor
-especialmente el amor al enemigo- la única fuerza capaz de cambiar el mundo. El
mal sólo puede ser vencido con el bien (Rom 12, 14-21). Cristo se ha entregado
para hacer de nosotros criaturas nuevas (2 Cor 5,17), y sólo una comunidad
verdaderamente nueva es signo elocuente de Cristo.
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Fotos: Miguel Castaño


































