Nuestra Justicia es Jesús
Tomo de las entrañas del Señor lo que me
falta, pues sus entrañas rebosan misericordia. Agujerearon sus manos y pies y
atravesaron su costado con una lanza; y a través de estas hendiduras puedo libar
miel silvestre y aceite de rocas de pedernal, es decir, puedo gustar y ver cuan
bueno es el Señor.
Sus designios eran designios de paz, y yo lo ignoraba.
Porque, ¿quién ha conocido jamás la mente del Señor?, ¿quién ha sido su
consejero? Pero el clavo penetrante se ha convertido para mí en una llave que me
ha abierto el conocimiento de la voluntad del Señor. ¿Por qué no he de mirar a
través de esta hendidura? Tanto el clavo como la llaga proclaman que en verdad
Dios está en Cristo reconciliando al mundo consigo. Un hierro atravesó su alma,
hasta cerca del corazón, de modo que ya no es incapaz de compadecerse de mis
debilidades.
Las heridas que su cuerpo recibió nos dejan ver los secretos de
su corazón; nos dejan ver el gran misterio de piedad, nos dejan ver la
entrañable misericordia de nuestro Dios, por la que nos ha visitado el Sol que
nace de lo alto. ¿Qué dificultad hay en admitir que tus llagas nos dejan ver tus
entrañas? No podría hallarse otro medio más claro que estas tus llagas para
comprender que Tú, Señor, eres bueno y clemente, y rico en misericordia. Nadie
tiene una misericordia más grande que el que da su vida por los sentenciados a
muerte y a la condenación.
Luego mi único mérito es la misericordia del
Señor.
No seré pobre en méritos, mientras él no lo sea en misericordia. Y
porque la misericordia del Señor es mucha, muchos son también mis méritos. Y
aunque tengo conciencia de mis muchos pecados, donde abundó el pecado
sobreabundó la gracia. Y, si la misericordia del Señor dura siempre, yo también
cantaré eternamente las misericordias del Señor. ¿Cantaré acaso mi propia
justicia? Señor, narraré tu justicia, tuya entera. Sin embargo, ella es también
mía, pues tú has sido constituido mi justicia de parte de Dios.
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